Ok, antes de que lean el capítulo, tengo una duda. ¿Acaso ya no les gusta mis series o qué? ¿Acaso tan mal escritora soy? Saben, me frustro un poco al notar que a nadie le llame la atención las entradas. No quiero tener wow miles de comentarios, pero si me gustaría tener algo de consideración. Siento que pierdo el tiempo escribiendo, aunque a mí me guste hacerlo u.u
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El corazón de Demetria no podía latir normalmente, no teniendo a tal maravillosamente guapo hombre tan cerca pero a la vez, tan lejos de ella. ¿Por qué la habría llamado? ¿Habría algún problema con ella? No tenía ni la menor idea, pero teniendo al mísmisimo jefe suyo, Nicholas, a solo dos metros de distancia de ella, le desmoronaba por dentro. Sus ojos eran tan fríos, distantes pero de alguna forma, sabía que él había sufrido mucho en su vida. La gente amargada era así por una razón.
Contempló su postura fría, mientras revisaba su expediente. Mordió su labio inferior mientras examinaba el entorno. La oficina de Nicholas, era inmensa, podría ser más o menos del porte de su departamento. Sus inquietas manos jugaban con su cabello castaño claro, recién teñido. A veces elevaba la mirada para contemplar a tal figura que estaba frente de ella, pero solo veía la frente arrugada seria de Nicholas.
Diez minutos habían pasado, diez largos minutos en silencio y de la nada, Demetria tan metida dentro de sus pensamientos, mueve inconscientemente su pierna, asustada al oír tan gruesa voz, salida del hombre que comenzaba a atraerla.
-Pues todo parece perfecto en tu historial.- dijo Nicholas, en un tono frío y distante, sin salirse de las barreras profesionales.
-¿Así? Perfecto... entonces, ¿puedo irme ya...?- dijo algo nerviosa, parándose de su silla.
-Espera.- contestó parándose de su silla, deteniéndola con el brazo, algo que sorprendió profundamente a Demetria.
-¿Necesita algo señor?- preguntó curiosa.
-Solo tengo algo que decirte. Mi asistente renunció y en vez de tomar el cargo de ejecutiva, necesito que tomes el de ella. Es un puesto más importante que ese, y podrás tener más dinero.
-Ok, me parece bien.- le devuelve una sonrisa cálida. -Bueno... ¿qué necesita ahora, señor?
-Necesito que me traigas una Latte con 5 cucharadas de azúcar, por favor.- le pidió amablemente con una gran sonrisa sobre su rostro.
-Enseguida señor.- hace una semi reverencia ante él y sale del despacho de Nicholas.
Nicholas veía cada detalle de tal mujer, en verdad era hermosa, pensó él. Se quedó acariciando su barbilla por un rato, pensando en ella. Se notaba que no era de nobleza, pero si que era de belleza. Era difícil pensar que era hermana de Miley, no lograba captar esa información. La duda le atormentaba desde lo más profundo del corazón, esa ligera inquietud de saber si estaba o no cerca de la persona que tan solo quería encontrar, era mucho más fuerte que su fuerza de voluntad.
Sin darle más vuelta al asunto, decidió buscar el nombre de su ex amante en el expediente de Demetria, a través de la computadora. Buscó impaciente pero a la vez muy pacientemente la búsqueda de ésta persona. Sabía que éste podría ser el fin o el comienzo de algo, y debía estar seguro de lo que se vendría. Por un rato pensó que quizá era tan solo una locura, provocada por su desesperación, pero en cuanto vio una foto de esa persona inolvidable para él, sabía que no podía ser una coincidencia, efectivamente Miley y Demetria eran familiares, de hecho, eran hermanas.
Contempló la fotografía de su amada no tan secreta por un rato. Ella lucía tan hermosa, incluso más que antes, con una gran y hermosa sonrisa sobre su hermoso rostro color de un atardecer. Amaba esos ojos verdes de ella, sentía como se perdía en ellos, era una total locura, pero él jamás se olvidó de ella. Lo había dejado, se había burlado de él, lo había humillado, le quitó el poco amor que se tenía por sí mismo, y era absurdamente increíble que él aún la amara. Debería estar enfadado, y lo estaba, es solo que también la amaba al mismo tiempo. ¿Quién lo entendía?
Se movió bruscamente al oír la puerta abrirse, se sobresaltó pero se relajó al ver que se trataba de Demetria. Suspiró y posó sus brazos detrás de la nuca, dejandole la entrada libre para que pusiese su Latte sobre su escritorio. Demetria posó delicadamente el Latte y se volvió a posicionar detrás delante del escritorio de Nicholas. Ella le miró compasivamente y posó su vieja sonrisa sobre el rostro. Parecía que jamás dejaba de sonreír.
-¿Necesita algo más señor?
-Si, solo una cosa.- le mira serio -Tutéame, no me gusta sentirme como un viejo delante de tanta hermosura.- elevó una de sus cejas, sonriéndole seductoramente.
Demetria no hizo más que sonreír complacida y apoyar sus manos sobre el escritorio de Nicholas. Dios, ese hombre la estaba volviendo loca.
-Como diga, Nicholas.- terminó de sonreír lentamente y caminó lenta pero sensualmente hasta llegar a la puerta. Abriéndola con mucha paciencia, saliendo como mucha pereza.
Nick dio vuelta la silla y miró la ventana que estaba detrás de él. Era igual de seductora que su hermana, ambas tenían gran belleza, solo que distinta. Sin querer, se la había salido un suspiro y una sonrisa macabra tras recordar a ambas juntas. Sabía que Demetria iba a llegar a formar parte del corazón de Nicholas.
-Así que Demetria es la hermana de Miley...- dijo hablando solo, con una placida sonrisa aún posada sobre su divertido rostro -Quién lo diría, esto será divertido.
Lo cierto era que, a pesar de tener muchas amantes, que duraban tan solo dos meses, él casi nunca había sido infiel. Pero ahora, creía que ya era hora de soltar algunos sueños reprimidos de la adolescencia y comenzar a jugar un poco y el primer paso de ese "pequeño jueguito" era hallar a Miley, con la ayuda de Demetria.
Mientras tanto, Demetria leía con mucha atención las planillas que le había pasado Nicholas hace un rato atrás. Hay salían todos los datos de Nicholas: enemigos, alimentos, pasatiempos, datos simples y curiosos. En resumen salía todo sobre Nicholas.
Tan metida con la lectura, no alcanzó a mirar delante de ella y darse cuenta que iba a tropezarse con un compañero de trabajo. Pero al parecer no había sido totalmente su culpa, este otro chico también estaba algo distraído. Y al ser el cuerpo del chico el más pesado, cae encima de Demetria, demarrando todo el café que tenía entre dedos.
Demetria gritó del dolor a causa de la quemadura del café caliente. Ambos se dirigieron una mirada de odio y Demetria en menos de un segundo ya estaba corriendo lejos de aquel torpe muchacho que le derramó el café encima.
Decidió acelerar cada vez más para poder llegar luego al baño de mujeres y mojarse con agua helada la parte del pecho que le ardía con furor. Todo lo que pensaba ella era lo torpe que fue el chico, digo, sabía que había estado distraída pero hubiese sido menos notable que el de su distracción.
Se refrescó varios minutos con el agua, incluso alcanzó a arreglarse un poco pero en cuanto la idea de no tener la carpeta que le había entregado Nicholas no estaba alrededor. ¡¿CÓMO PUDO SER TAN TORPE COMO PARA OLVIDARSE DE LA CARPETA DE SU JEFE?!
Abrió los ojos como plato y salió rápidamente del baño, encontrándose con unos enormes ojos marrón delante de ella. Ojos que mostraban incredulidad y desafío. Tuvo que zafarse rápidamente de la presencia de ese chico para darse cuenta de quien se trataba. El imbécil que la quemó.
-¿Qué quieres?- preguntó molesta -¿Acaso piensas quemarme nuevamente o qué?- preguntó nuevamente con la misma molestia, cruzando los brazos.
-No, claro que no.- sonríe algo avergonzado y saca detrás de su espalda, la carpeta que Demetria creía perdida. -Creo que se te quedó esto.
La expresión de Demetria había cambiado de inmediato de ser molesta a ser agradecida. Le sonrío felizmente a este chico y le robó delicadamente la carpeta, sin dejar de mirar esos ojos marrón que ya le estaban fascinando. -Cielos... muchas gracias, no tengo idea de que hubiese pasado conmigo si la pierdo.- confesó apenada.
-Si ya me lo imagino.- contestó antes de comenzar a caminar juntos a través de los solitarios pasillos de la Empresa. -Así que eres la nueva consentida del jefe.- dijo en suspiros agotados.
-Si, soy su asistente.
-Wow... era de esperarse. No cualquiera logra ser la asistente de Nicholas, a no ser que le haya gustado y querido tenerla para él mismo.
-¿De qué hablas? Tengo un expediente impecablemente perfecto. No creo que él me quiera por belleza o algo parecido.
-Pues... considerate afortunada, pero te garantizo que de aquí a un mes, por lo menos habrá algún beso entre ambos.
-¿Por qué estás tan seguro?- preguntó curiosa.
-Porque llevo trabajando en este empresa 3 años y sé más o menos como funcionan las cosas aquí.
-Wow... y, ¿tú eres?
-Joseph Miller, pero me puedes llamar Joe.- contestó con una calurosa sonrisa sobre su rostro. -¿Y tú hermosa, cual es tu nombre?
-Me llamo Demetria Steven, pero mis cercanos me llaman Demi.- contestó devolviendole la sonrisa a Joe.
-Genial Demi, ¿te gustaría almorzar conmigo? Digo para enseñarte a mis amigos.
-Me gustaría pero el señor Nicholas...- contestó queriendo terminar la frase, pero viéndose interrumpida.
-Oye hasta el jefe debe respetar las horas de los trabajadores. Vamos, no seas aburrida.- le rogó, poniendo una divertida sonrisa.
Demetria rió un poco al ver los raros gestos que Joe le hacía, le hacían mucha gracia. -Está bien, vamos.- dijo finalmente, dirigiéndose hasta el casino, sin tener la menor sospecha que eran vigilados por alguien que se escondía entre las sombras. Nada más ni nada menos que Nicholas Alessandri.
Él lo había escuchado todo, con mucho recelo. Se estaba volviendo paranoico y muy celoso por la cercanía entre Joseph y Demetria. Se suponía que las mujeres de la oficina solo debían preocuparse por él, no por otro. Eso lo llenaba de enfado, pero en cuanto una loca idea se le cruzó en la mente, no dudó en hacerla realidad. Estaba apunto de romper la pequeña "amistad" de aquel par.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Business of Misery “Episodio 3” {Sueños reprimidos de la Adolescencia}
Etiquetas: Niley, Jemi, Disney, Música
Business of Misery
jueves, 24 de noviembre de 2011
Mi Dulce Locura Cap. 21 {Fin 1º Temporada}
La cabeza de Rose, descansaba en el pecho cubierto de Eric, dormida como si estuviese en un trance. Ese día fue una montaña rusa emocional para Rose, y Eric lo único que podía hacer era estar a su lado, y siempre apoyarla. Eric caminaba normalmente, cargando el cuerpo de Rose entre sus brazos, sobre el suelo de barro cubierto con hojas resecas. Él en el fondo sabía que uno de esos momentos no era para tomarlo como chiste, o con humor, sin embargo, disfrutaba el momento junto a Rose; sentir el aroma de su cabello entrando por sus fosas nasales, el perfume que ella desprendía de su cuello, sus gruñidos molestos inconscientes a causa de su profundo sueño, y cada vez que arrugaba la nariz, en el momento que abría la boca, era lo que más amaba.
Caminó cinco minutos más y llegó cansado a la casa de Leticia. Ella no dijo nada, tan solo miró piadosa a su hija, preguntándose como habían llegado hasta allí, hasta ese desastroso punto donde la verdad ya había sido descubierta pero de la peor forma. Subieron hasta el cuarto que estaba apartado para Rose, y Eric se encargó de cobijarla, y taparla. Dejarla suavemente en los brazos de Solfeo para darle fuerzas para el día siguiente.
Eric salió del cuarto suspirando, ansioso e inquieto a la vez, bajó las escaleras cansado del drama del momento y miró fijamente a Tomas y a Leticia, que se encontraban sentados juntos, mirando inquietos a Eric.
-¿Cómo se encuentra?- preguntó Tomas, algo desafiante.
-Estable.- rodeó el sofá y se sentó sobre éste, enredó los dedos de ambas manos y soltó un suspiro agotador -Cuando intentaba escapar en el bosque, cayó brutalmente en el barro a causa de una raíz de un árbol que sobresalía. Tiene el pie torcido, si es que no se lo quebró.
-Dios...- susurró Leticia, aprisionando su cabeza para retener sus pensamientos. Miraba temerosa el suelo, intentando resolver con su mente, la culpa que atormentaba su alma -¿Qué haremos? Rose nos odiará hasta le eternidad.- dijo dirigiendo su mirada a Tom.
-No lo sé querida, pero ya verás que pronto resolveremos esto. Lo juro.- dijo abrazando a su esposa, abatido por la situación donde se encontraban.
Horas más tarde y la oscuridad de la noche se apoderaba de los cielos. El lujoso auto negro de Jesse llamaba mucho la atención de los estudiantes, él y Clara iban a bordo. Clara estaba ansiosa por ese gran día, pero, Jesse... tan solo fingía risas y sonrisas para no preocupar a su hermana, algo que no funcionaba mucho ya que Clara ya sabía lo que ocurría.
Evelyn y Nicholas compartían con sus amigos, disfrutando del cálido ambiente del cual eran parte. Sin tener razón por qué, Jesse había terminado su amistad con Nicholas, de un día para otro, sin decirle razón alguna, simplemente no lo quería ver. Al principio si dolió, y jamás dejó de preocuparse por su amigo, pero Nicholas decidió acatar la decisión de Jesse, simplemente porque sabía que Jesse estaba destruido tras la despedida de Avril. Nunca en su vida había visto a su amigo tan enamorado, ni siquiera de Jessica.
Nada ha cambiado en esos dos años: Jesse nunca dejó de amar y extrañar a Avril, Rose y Eric siempre se amaron en secreto, Clara decidió dejar de preocuparse por el amor, y simplemente concentrarse en sus estudios, y finalmente, Evelyn y Nicholas estaban perdidamente enamorados. Todo seguía siendo exactamente igual, pero de alguna forma, diferente.
Las risas, y las tonadas de baile se escuchaban hasta afuera, donde había un ambiente algo frío, y solitario. De la nada, había aparecido un auto muy familiar, no uno formal, ni el más pobre, pero tenía ese toque hogareño que tanto agradaba. La puerta derecha de adelante se abría mientras que en el suelo aparecía un pie cubierto con un zapato de tacón, muy fino. Era Rose, vestida de elegantemente de un vestido blanco, dejando al descubierto un agradable corte corazón en el lugar del pecho. Caminó hasta frente del auto y esperó hasta que Eric saliese del auto. Los dos se miraron seriamente, y Rose, no dándole tregua, caminó frente a él, ignorándolo por completo, caminando derechito hasta el evento de su graduación. Eric suspiró perspicaz y literalmente corrió hasta Rose, tomándola del brazo.
-Rose, ¿Hasta cuándo estarás molesta conmigo?- le miró suplicante -Yo no fui el culpable de lo que pasó.
-No, pero eras el cómplice.- dijo despiadada, en un tono frío intentando destruir lógicamente a Eric -Oh y sobre cuánto tiempo, déjame ver... tengo 18 años, 18 años donde estuviste mintiéndome, así que 18 años más tendrán que pasar para que te perdone.
-¿Y qué pasó sobre nuestra confesión de amor? Se suponía que ya lo habíamos conversado, y reconciliado.- contestó harto.
-Pues... solo por un segundo, pero recapacité y me di cuenta que no mereces perdón.- gritó enojada y se acercó peligrosamente hasta él, mirándolo fríamente -¡No puedo creer que la única persona que en verdad quería me haya mentido en la forma que tú lo hiciste! Eres despreciable, un mentiroso, un...
Sin querer oírla más, Eric tomó cruelmente el mentón de Rose e impregnó sus labios sobre los labios de ésta. Estaba harto de que Rose le echara la culpa de algo que cometieron sus verdaderos padres. Los padres de Eric, simplemente estaban felices de recibir a una nueva hija.
Estaba molesto, digo, entendía el punto de Rose pero también debía saber entender el otro punto. Sus padres biológicos eran muy jóvenes para cuidar de una bebé; y sus padres adoptivos felices le abrieron las puertas de su hogar. Jamás pasó hambre, o frío; de hecho al contrario, siempre vivió en amor y armonía. Era un crudo golpe, pero ya era adulta, debía seguir.
La forma en que la besó, no era la forma en que quería besarle. Tan solo fue un impulso, y la verdad, al verse el beso tan desprevenido, no le gustó para nada. No sentía el amor que en verdad le tenía y por eso la dejó libre, en el momento preciso que ve como es metido en serios problemas. Todo a causa de la presencia de sus padres.
Eric escondió detrás de su espalda a Rose, temerosos de la escena que sabían que se adentraría al momento.
-¡¿PERO QUÉ DIABLOS FUE ESO?!- gritó enojada la madre de Eric, acercándose como un depredador asechando a la presa.
-Mamá, cálmate por favor.- le rogó Eric a su madre, mirándola asustado.
-¡Nada de calma! ¡Estabas besando a tu propia hermana! ¡La familia no se puede relacionar entre sí!- grita más furiosa.
-¿Qué? ¿Eric y yo?- contesta Rose, entrometiéndose entre ellos dos -Oh... es probable que no te hayas enterado de las últimas noticias.- contesta en un tono frío y cortante, primera vez dirigido hacia su madre. Se acerca lentamente a ella, con una postura dura y cruel -Ya me enteré que soy adoptada, ¡y que todos ustedes me estuvieron mintiendo todo este tiempo!- grita furiosa.
La madre de Eric no tardó en reaccionar ante el ataque de ira de Rose. Alzó la mano y abofeteo fuertemente a Rose, provocando que ésta cayese al suelo.
Los primeros segundos, no lograba captar la gravedad del asunto, pero tuvo que voltear a ver a Rose, quien aún estaba en el suelo, sangrando y llorando, para ver lo que había sucedido.
-Rose, hija... yo.
-No soy tu hija, no me vuelvas a decir así.- se levanta lentamente del suelo, y mira triste a su ex madre -Fue un placer, señora Stone.- sin voltear atrás, sin siquiera volver a mirar a Eric, camina lentamente hacia el final de la calle.
Eric miró compasivo la forma en que Rose caminaba y soltó un suspiro enflaquecido, lleno de dolor e ira por lo que acaba de pasar. Lo único que la mente de Eric se preguntaba era tan solo una cosa: "¿Se volverían a ver?" Ya que sabía que algo había cambiado, y el toque se había ido. Quizá su amor nunca fue suficiente para ella, y eso se lo lamentaría hasta el fin de los tiempos.
Dentro de la fiesta, la atmósfera se había puesto algo romántica. La música de los 80' se apoderaba del respirar de todos los presentes, habían pasado 3 horas y sorprendentemente ya se habían cansado.
-¿Y si nos acercamos con los chicos?- pregunta Clara, ingenuamente a su hermano.
-¿Enserio debemos?- dijo con poco ánimo.
-Si, es mi graduación y cumpliremos mis deseos- sonríe y toma la mano de Jesse. Se dirigen hasta la mesa donde se encontraba Evelyn y Nicholas. Las miradas incomodas de Jesse y Nicholas se cruzaron, ambos cabizbajos y nerviosos.
-¡Hola Evelyn!- saluda amablemente Clara a Evelyn, con un caluroso abrazo -¿Cómo lo estás pasando?
-Pues bien, con este muchachote quién no la pasaría bien.- mira seductora a Nicholas, quien le devuelve una sonrisa. -Si nos disculpan, me robo a Clara por un momento.- Toma a Clara del brazo y se alejan de allí.
Caminaron hasta la terraza, lugar donde se encontraban las pobres chicas despechadas. Evelyn miró curiosa a Clara, mientras que ésta aún no entendía por qué se la había llevado de la pista de baile.
-¿Qué pasa?
-Solo quería preguntar, cómo se encontraba Jesse.
-Cada día extraña más a Avril, pero se ha acostumbrado a vivir con ese sufrimiento. Duele verlo así pero he intentando de todo para borrar su tristeza.
-¿Entonces... sigue enamorado de Avril?- pregunta ingenua, con una gran sonrisa en su rostro.
-Si Evelyn, es lo que te acabo de decir- contestó fastidiada.
-¿Qué crees que haría Jesse si la volviese a ver?- pregunta suavemente, con una deslumbrante sonrisa sobre su rostro.
-Bueno... volvería a nacer, la buscaría donde sea que esté tan solo por verla otra vez. Pero... ¿por qué te interesa tanto mi hermano?- pregunta confundida.
-Porque sé donde se encuentra Avril, sé la localización exacta...
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Bueno esto fue toda la primera temporada. Quizá no muchas la veían, pero para la gente que la vio, y se decepcionó con el final, quiero decirles que... todo es de improviso. Pronto comenzaré la 2º temporada como si nada, e intentaré hacerla lo más corta posible :$
martes, 22 de noviembre de 2011
¡UNA PREGUNTA PARA MIS LECTOR@S! ;)
Bueno primero "La Pregunta" no es algo importante y de gran relevancia, pero... ¡PARA MÍ SI LO ES! Bueno estuve leyendo y leyendo pociones de Harry Potter y la que más me gustó fue la de AMORTENTIA.
La Amortentia, es la poción de amor más poderosa en el mundo, y éste a su vez, al oler esta poción, es posible que nadie huela lo mismo, ya que, el gusto de la persona de quien uno ama varia entre sí.
Algunas características de esta poción, son:
*El olor del lugar donde mas te gusta estar.
*El olor de lo que más te gusta.
*El olor de alguien o de algo que recuerde a esa persona.
La Amortentia, es la poción de amor más poderosa en el mundo, y éste a su vez, al oler esta poción, es posible que nadie huela lo mismo, ya que, el gusto de la persona de quien uno ama varia entre sí.
Algunas características de esta poción, son:
*El olor del lugar donde mas te gusta estar.
*El olor de lo que más te gusta.
*El olor de alguien o de algo que recuerde a esa persona.
Por ejemplo, la Amortentia de Hermione es: "Hierba recién cortada, pergamino nuevo y el olor del cabello de Ron"
Aquí, el lugar favorito de Hermione podría ser el de una Madriguera; su olor favorito de un pergamino nuevo, y el olor de alguien, es el cabello de Ron.
Mi Amortentia podría ser:
*Paja mojada por la lluvia, en el campo.
*Lima combinada con frutos rojos.
*Aroma de la persona quien amo :$
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Entonces... ¿Cuál sería su Amortentia? Muero por saberlo. SI MÁS DE 5 PERSONAS CONTESTA LA PREGUNTA, HABRÁ UNA GRAN RECOMPENSA ;)
domingo, 20 de noviembre de 2011
Luz de mis Ojos //6º Episodio// {La confesión de Hermione}
Caminaba lentamente pero muy inquieta por los pasillos del castillo, intentando aclarar sus pensamientos, pero lo único que obtenía eran más dudas. Suspiraba sin esperanza, apunto de darse por vencida, de repente la vaga idea de preguntarle a Severus qué sentía por Hermione se le había atravesado en la mente. Pero él sabía la respuesta, solo que no lo quería aceptar. Severus amaba con desesperación a la misma chiquilla que él amaba, Hermione.
Draco no podía entrometerse en el romance de ellos dos, pero ansiaba con todo su corazón corresponderle a Hermione y no a Snape, siquiera que le gusta un poco, nada más. No lo entendía, por qué justo ahora debía pasar todo esto. Por qué justo ahora debía tener sentimientos encontrados con una enemiga natural. Ella era una sangre sucia, y él una sangre impecable que ha pertenecido a lo largo de los años. Su unión podría provocar un real holocausto en el mundo.
Pero, ¿por qué imaginaba esas cosas? Ellos ni siquiera eran amigos, y ya imaginaba su matrimonio. Esta situación estaba saliendose fuera de control. De repente cambió el curso y rapidez de su camino, dirigiéndose hasta el baño abandonado de la casa de Slytherin, resbala con el agua que estaba derramada sobre el suelo y hace que se apoye fuertemente con la baranda que protegía el lavamanos.
Observó el espejo desesperado y lavó su cara rápidamente, respiró con dificultad y sintió como su corazón latía demasiado rápido, como nunca antes. Necesitaba entender lo que pasaba con él mismo, y hallar la cura para poder vivir tranquilo con él mismo. Sin embargo, ahora tendría que conformarse con tener ocupada su mente con esa "misión" que estaba obligado a cumplir.
Esto se repetía en otro lugar del castillo. Hermione tenía su mente llena de dudas, preguntas sin respuestas, mientras intentaba descifrar algo vagamente, solo venían falsas esperanzas. Desde que nació, había sido curiosa, y por lo tanto, esto la mataba de la curiosidad. Sus pies caminaban por voluntad propia, mientras su mente naufragaba en el fondo del mar de la confusión y la desesperanza. En cuanto se dignó en levantar la mirada, se dio cuenta como inconscientemente pero que a la vez muy conscientemente, había llegado frente a frente del despacho de su querido profesor Snape.
Sonrío como tonta y decidió dejar de preocuparse en esa "pequeña charla" entre Severus y Draco, por lo menos, solo hasta mañana. Golpeó casi silenciosamente la puerta y esperó ansiosa hasta que Severus le abriese la puerta. Comenzó a desesperarse en el momento que ya había pasado un minuto de que no abría. Eso nunca pasaba, se supone que estaba en su despacho. Esperanzada, decidió darse la vuelta corriendo. Se apoyó sobre la ventana, haciendo un ovalo con sus manos para ver mejor a través del vidrio. Su corazón se detuvo en el instante que vio a su amado tirado en el suelo, con los ojos abiertos, y sin muestra de estar respirando. Hermione no lo dudó ni un segundo más y decidió romper el vidrio con su propio codo, sin importarle las múltiples heridas que sufriría. El amor que sentía por Snape era más grande que cualquier otra cosa.
En cuanto el vidrio se rompió por completo, saltó hasta dentro del despacho y apoyó su cabeza en sus piernas, mientras lloraba desesperadamente. Analizó el cuerpo de Snape por todas partes y no encontraba la razón de por qué estaba así. Acercó su dedo índice hasta el cuello de Snape, preocupada por saber si tenía pulso o no. Para su suerte, si tenía pulso.
Hermione suspiró aliviada pero eso no le quitó las ganas de averiguar que había ocurrido. Buscó desesperadamente algo, alguna prueba para hallar la respuesta de lo que había sucedido, y de repente, sus ojos miraron una gotas casi invisibles sobre una mesa. Hermione, precavida como siempre, se acercó lenta y cuidadosamente hasta aquel liquido. Acercó su nariz y lo olfateó con mucha precaución, supo de inmediato la razón de porqué Snape estaba tirado en el piso, semi inconsciente. Fue envenenado con una pócima de amor.
Hermione se tranquilizó y Posó su mano, un metro de altura más arriba de donde estaba el cuerpo de Snape, susurró un hechizo y observó atentamente como Severus se acomodaba en el suelo. El hechizo no haría que despertara y recuperara la consciencia, tan solo convertiría el desmayo en un sueño, que en pocas horas más podría despertar.
Con mucha fuerza, levantó al Snape rejuvenecido hasta su cama. Lo tiró algo brusco en su cama, pero no le quedaba de otra, se veía delgado, pero si que tenía guardado bien su peso. Estresada por la situación, abrió su bolso y cogió un libro de cuentos mágicos que guardaba en su bolso. Se mantuvo así por un largo rato, esperando hasta que le diese sueño y pudiese acostarse con él, el único hombre que amaba.
Tan concentrada en su libro, se asustó mucho cuando escuchó a Snape gemir, aún metido en sus sueños. Hermione sonrío y cerró su libro, se sentó a un palmo de él y acarició su larga cabellera negra. Sin dejar de acariciarlo, su otra mano recorrió todo el brazo de Severus, hasta llegar a su mano. Enredó sus dedos con los de Severus y los apretó suavemente.
-Hmmmm...- gruñó Severus, dando señales como si fuera a despertar.
Hermione esperaba por su despertar ansiosa, esperando despertar con un cálido beso que solo había tenido con Severus. Sin embargo, los deseos murieron rápido al escuchar lo que Severus dijo en susurro. La magia se acabó, y se sentía demasiado herida como para seguir acostada con él.
-...Lilly...- fue lo último que oyeron sus oídos de esa voz tan varonil y apasionada, esa voz que el amor de su vida, pero que lamentablemente, ella no le correspondía.
Mordiéndose su labio inferior, aguantando su explosión en lagrimas. Cogió todo lo que era suyo, y veía a simple vista. Corrió hasta el umbral de la puerta, y antes de abrirla, miró por última vez a Severus Snape, con una tristeza profunda. Lo único que su alma fue capaz de soltar, fue una fría mirada, llena de resentimiento. Terminando esto, abrió la puerta y salió rápidamente de ese lugar.
El mundo de Hermione se derrumbaba y parecía no haber cura para ese inmenso dolor que sentía en esos momentos, Sus ojos marrones se turnaron negros a causa del dolor, impotencia, decepción, celos, tristeza y por último y el peor de todos, un amor frustrado. Ella juraba que Severus sentía algo por ella, siquiera algo mínimo, pero todo fue una mentira. Odiaba a esa tal "Lilly" que ni siquiera conocía pero se moría de celos por corresponderle a él, y ella en el caso, se había quedado sin pan ni pedazo.
Las pisadas de Hermione se sentía como un gran eco en el castillo, pero todos parecían hacer caso omiso a la situación, como si supiesen que no era momento de interferir. Entrando a la casa de Gryffindor, pasando por la casa común, se da cuenta como Ginny le miraba seria, con una gran incógnita en sus ojos.
-¿Qué paso Hermione?- preguntó preocupada.
-Snape, él...- sin poder completar la frase que quería decir, se derrumba en el suelo en llanto, sin poder respirar bien.
Ginny no le importó saber la razón de por qué Hermione lloraba, tan solo caminó hacia ella y la acarició, como dándole un consuelo. Por su parte, Hermione no se demoró en aceptar la ofrenda de paz que Ginny le ofrecía, era lo único que podía curarle el corazón roto.
De a poco se levantaron del piso y caminaron lentamente hasta el sofá que se encontraba frente a frente de la ventana, dejando a la Luna mostrarse en su máximo esplendor. No habían dicho media palabra en un largo rato, Hermione miraba atontada la luna, como si fuese lo más importante en el mundo. Ginny tuvo que intervenir para saber la razón de por qué Hermione había llegado tan destruida a su casa.
-Hermione, por favor dime que sucedió. Qué te hizo Snape.
Hermione de inmediato bajó la mirada, con una tristeza inmensa, pero sin querer llorar, ya nunca más. Sus ojos se habían secado por tanto llorar -Él... susurró el nombre de otra mujer mientras dormía y yo lo acariciaba.
Ginny arrugó la nariz, molesta, cruzando los brazos y mirando decepcionada a lo superior -Ese viejo, despreciable...
-Déjalo, ya no importa, fui yo quien se ilusionó mucho con todo este cuento del castigo.
-Pero tú lo amas...- susurró Ginny, apenada.
-Y él no a mí- contestó Hermione finalmente, molesta. Se levantó del sofá y miró seria a Ginny -A partir de esta noche, no volveré a nombrar su nombre, tan solo me preocuparé en estudiar y de mis amistades. De nada más- sin decir nada más, subió corriendo las escaleras, dirigiéndose hasta su cama, hundiéndose en llanto, dejando a Ginny con las palabras en la boca.
La mañana siguiente apareció cubierta de nieve. Era uno de los días más helados que los alumnos de Hogwarts alguna vez habían sentido. Hermione no dirigió ni una palabra y ni una mirada, parecía que nada le importaba ya. A Ginny le dolía mucho ver a su mejor amiga en tal forma, pero no sabía qué hacer con eso. Tan solo podía confiar en que Hermione supiese que ella estaría allí para lo que sea.
Hermione caminó vagamente hasta la sala de Encantamientos, clase que le tocaba hoy, único lugar donde sabía con seguridad que ni Malfoy ni Snape estarían ya que la profesora era una Impura. Allí se encontró con sus viejos amigos, ocultando su dolor, algo que logró con Ron, pero no con Harry.
Harry y Hermione se sentaron juntos y mientras esperaban que llegara la profesora, Harry interrumpe la burbuja de Hermione y comienzan a charlar.
-¿Qué sucede Hermione?- preguntó curioso pero con cierto tono de ternura entre sus palabras.
-Nada Harry, dejame en paz.- dijo sin darle mucha importancia.
-Hermione, somos mejores amigos desde hace seis años, por favor dime qué sucede. Yo siempre te digo todo lo que me sucede y aún así no me arrepiento porque sé que puedo confiar contigo.
Estas últimas palabras habían hecho meditar a Hermione. Era cierto, habían sido mejores amigos desde el día que se conocieron. Siempre se habían contado cosas, y juzgado entre sí, pero solo para mejorar ciertos aspectos que no gustaban. Hermione dio un suspiro cansador y decir hablarle.
-¿Enserio debo contártelo aquí?- preguntó apagada.
-Si, aquí mismo.
-Está bien...- baja la mirada, desbordando una lagrima -Estoy enamorada de Severus.
Eso sonó como una tormenta en los oídos de Harry. ¡¿Cómo Hermione, siendo tan interesante, reservada e inteligente, se pudo haber fijado en ese cruel hombre?! Harry apretó sus puños con fuerza, asustando a Hermione.
-¿Ves? ¡Por eso no quise contártelo!
-Mis prejuicios no importan ya.- dijo molesto -¿Y por qué lloras? ¿Qué te hizo?- preguntó a la defensiva.
-Estos días nos hemos dados dos besos, en dos días y bueno yo pensé que... no lo sé, que él si sentía algo por mí como yo por él. Pero... descubrí que él estaba enamorado de una tal Lilly.
De repente parecía que el ambiente se había puesto tenso, la atmósfera era asfixiante, para ambos. Harry sintió como un nudo en la garganta, y Hermione sintiéndose como una real estúpida, supo la razón por qué.
-Harry... el nombre Lilly es muy común en estos días.- dijo palabras de consuelo, acariciando su espalda.
-Debemos averiguarlo. Supe por Sirius que mamá tenía un amigo raro de la casa de Slytherin. Piensa Hermione, ambos eran de la misma época.
-No lo sé Harry, ¿en verdad crees que es posible?
-No lo sé, pero... me gustaría averiguarlo.
-Está bien...- dirige la mirada en frente y observa a Ron, conversando muy a gusto con sus amigos. -¿Le contaremos a Ron?- preguntó nostálgica.
-Es nuestro amigo, debemos decirle.
-Bien... pero resolvamos este asunto luego, después de clases.
-Me parece bien.
Las horas pasaron muy inquietas, en un silencio muy incómodo. Hermione decidió escaparse de la sala en tanto terminase su trabajo. Como siempre, era la primera en terminar sus trabajos, por una gran delantera. Caminó lentamente por los pasillos de Hogwarts, esperando encontrarse con algo interesante, pero para su mala suerte, no la hubo, ya que todos estaban en clase a esa hora. Se sentó en el suelo del pasillo que unía a Slytherin con Gryffindor, no excediendo ni un espacio personal. Intentaba aclarar su mente, pero cada idea parecía tan lejana como para encontrar alguna respuesta.
Sus ojos se inundaban de lagrimas en el momento que recordaba el incidente de la noche anterior. Se prometió que no volvería a pensar en ese hombre, pero su corazón dolía cada vez que no había nada para distraerla. Siempre iba a aparecer algo para recordarlo.
Sus pensamientos pronto se vieron rotos a causa del escándalo del que era testigo. Las voces se oían distantes, pero todo eran ruidos así que escuchaba con claridad lo que se decía. Hermione no entendía lo que pasaba, tan solo escuchó cierta frase que la dejó muy curiosa "Si ella no se hubiese puesto en el medio del asunto, la misión se hubiese completado hace mucho tiempo atrás" gritada por Snape, pero con una voz más ronca. Eso la llevó a la idea de que ya era nuevamente un viejo de 41 años.
Rápidamente se levantó del suelo, y se quedó inmóvil en el momento que vio a Snape caminar, más bien trotar por los pasillos, con una expresión de estar enojado. Sus ojos se cruzaron en el momento que los alumnos salieron de clases, Hermione negó con la cabeza y marchó. Snape, confundido de seguirla o no, decidió seguirla, disimuladamente.
Hermione caminaba con gran prisa y Severus le seguía, intentando de no perder su rastro. Ella ya se sentía como prisionera por ese hombre, por sus encantos, por el poder que él tenía sobre ella. Ya había subido hasta el 3º piso y Hermione volteó a ver atrás para asegurarse de que no la había seguido, y no lo logró. En cuanto miró al frente, vio unos ojos negros perturbados, llenos de dudas al igual que su mente, muy cerca de ella.
Su respiración se acortaba y eso jugaba en su contra. Volvía a caer en el pecado.
-¿Por qué se esconde tanto de mí, Granger? ¿Acaso me teme o qué?- mufó en tono de burla.
-No, eso jamás- contestó rudamente -Solo hago lo que me ordenó, alejarme de usted. Además, ¿para qué me quiere cerca? Si ya tiene a esa Lilly- dijo liberándose de los celos y el enojo en un tono muy frío.
-¿Cómo fue que...?
-Lo susurró mientras dormía. No puedo creer que me haya usado tan solo para jugar. Pensé que era algo importante en su vida.- dijo finalmente, derramando una lagrima con un tono lleno de tristeza -Déjeme sola, no lo quiero volver a ver- dijo intentando zafarse de su presencia.
Sin importarle cómo fue que Hermione se había enterado de Lilly, no quería perderle, jamás quería perderle. Rodeó a Hermione con sus brazos, y le miró fijamente a los ojos. Tomó suavemente su mentón -Lilly es la niña que te dije que me gustaba, pero ella ya es del pasado. Tú eres mi presente y futuro.- dijo dulcemente con un tono de verdad.
-Quiero que me prometa que solo tendrá ojos para mí.- dijo Hermione, desamparada.
-Solo para ti. La bruja más chiflada, sabelotodo, desagradable, chillona, sacadora de quicios... pero la mujer más hermosa que alguna vez conocí, y es contigo que quiero pasar el resto de mi vida. No me importa si es algo indebido o algo loco, mi corazón muere cada vez que no estás conmigo. Te necesito cerca de mí para ser completamente yo.
-Yo también te amo Snape, no tienes ni idea de cuanto me dolió al pensar de que amabas a otra y que yo... tan solo era otra mujer.
-Pues deja de pensar eso, porque eres tú la persona que yo amo.
Por un momento, ambas miradas se cruzaron, dirigiendo ternura y pasión al mismo tiempo. Ambos se amaban y deseaban, entonces... ¿qué les impedía seguir?
-Severus por favor besame, robame el aliento, y no me dejes ir. Nunca me dejes ir, por favor te lo pido- le rogó Hermione, derritiendo su cubierta de orgullo, y entregándose por completo a quien amaba.
-Tus deseos son ordenes.- dibujó una pequeña sonrisa hasta dirigirse a la única cosa que era drogadicto, la esencia de Hermione, sus labios.
Ambos acariciaban de sus labios, y descifraban cada parte de ambos labios como si fuesen un tesoro. Entonces el beso cada vez más tomaba más forma, era intenso, lleno de pasión y sentimientos, estaban fuera de órbita. Era un delicioso éxtasis, manjar de los Dioses, era como refugiarse en el único lugar que se podría llamar santo, los labios de la persona quien se ama.
Hermione se despegó de los labios de Snape a causa de la falta de aire, y miró fijamente esos ojos negros que le habían robado el sueño desde que apenas era una niñita.
-Lo amo Severus.- sonrió y volvió a entregarle sus labios, para que hiciera lo que le plazca con ellos. Su cuerpo entero era de Snape, ya no le importaba si no tenía control sobre ella misma, tan solo quería estar con él, y nunca dejarlo.
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Espero que les guste el cap C: Es demasiado romántico :$
Draco no podía entrometerse en el romance de ellos dos, pero ansiaba con todo su corazón corresponderle a Hermione y no a Snape, siquiera que le gusta un poco, nada más. No lo entendía, por qué justo ahora debía pasar todo esto. Por qué justo ahora debía tener sentimientos encontrados con una enemiga natural. Ella era una sangre sucia, y él una sangre impecable que ha pertenecido a lo largo de los años. Su unión podría provocar un real holocausto en el mundo.
Pero, ¿por qué imaginaba esas cosas? Ellos ni siquiera eran amigos, y ya imaginaba su matrimonio. Esta situación estaba saliendose fuera de control. De repente cambió el curso y rapidez de su camino, dirigiéndose hasta el baño abandonado de la casa de Slytherin, resbala con el agua que estaba derramada sobre el suelo y hace que se apoye fuertemente con la baranda que protegía el lavamanos.
Observó el espejo desesperado y lavó su cara rápidamente, respiró con dificultad y sintió como su corazón latía demasiado rápido, como nunca antes. Necesitaba entender lo que pasaba con él mismo, y hallar la cura para poder vivir tranquilo con él mismo. Sin embargo, ahora tendría que conformarse con tener ocupada su mente con esa "misión" que estaba obligado a cumplir.
Esto se repetía en otro lugar del castillo. Hermione tenía su mente llena de dudas, preguntas sin respuestas, mientras intentaba descifrar algo vagamente, solo venían falsas esperanzas. Desde que nació, había sido curiosa, y por lo tanto, esto la mataba de la curiosidad. Sus pies caminaban por voluntad propia, mientras su mente naufragaba en el fondo del mar de la confusión y la desesperanza. En cuanto se dignó en levantar la mirada, se dio cuenta como inconscientemente pero que a la vez muy conscientemente, había llegado frente a frente del despacho de su querido profesor Snape.
Sonrío como tonta y decidió dejar de preocuparse en esa "pequeña charla" entre Severus y Draco, por lo menos, solo hasta mañana. Golpeó casi silenciosamente la puerta y esperó ansiosa hasta que Severus le abriese la puerta. Comenzó a desesperarse en el momento que ya había pasado un minuto de que no abría. Eso nunca pasaba, se supone que estaba en su despacho. Esperanzada, decidió darse la vuelta corriendo. Se apoyó sobre la ventana, haciendo un ovalo con sus manos para ver mejor a través del vidrio. Su corazón se detuvo en el instante que vio a su amado tirado en el suelo, con los ojos abiertos, y sin muestra de estar respirando. Hermione no lo dudó ni un segundo más y decidió romper el vidrio con su propio codo, sin importarle las múltiples heridas que sufriría. El amor que sentía por Snape era más grande que cualquier otra cosa.
En cuanto el vidrio se rompió por completo, saltó hasta dentro del despacho y apoyó su cabeza en sus piernas, mientras lloraba desesperadamente. Analizó el cuerpo de Snape por todas partes y no encontraba la razón de por qué estaba así. Acercó su dedo índice hasta el cuello de Snape, preocupada por saber si tenía pulso o no. Para su suerte, si tenía pulso.
Hermione suspiró aliviada pero eso no le quitó las ganas de averiguar que había ocurrido. Buscó desesperadamente algo, alguna prueba para hallar la respuesta de lo que había sucedido, y de repente, sus ojos miraron una gotas casi invisibles sobre una mesa. Hermione, precavida como siempre, se acercó lenta y cuidadosamente hasta aquel liquido. Acercó su nariz y lo olfateó con mucha precaución, supo de inmediato la razón de porqué Snape estaba tirado en el piso, semi inconsciente. Fue envenenado con una pócima de amor.
Hermione se tranquilizó y Posó su mano, un metro de altura más arriba de donde estaba el cuerpo de Snape, susurró un hechizo y observó atentamente como Severus se acomodaba en el suelo. El hechizo no haría que despertara y recuperara la consciencia, tan solo convertiría el desmayo en un sueño, que en pocas horas más podría despertar.
Con mucha fuerza, levantó al Snape rejuvenecido hasta su cama. Lo tiró algo brusco en su cama, pero no le quedaba de otra, se veía delgado, pero si que tenía guardado bien su peso. Estresada por la situación, abrió su bolso y cogió un libro de cuentos mágicos que guardaba en su bolso. Se mantuvo así por un largo rato, esperando hasta que le diese sueño y pudiese acostarse con él, el único hombre que amaba.
Tan concentrada en su libro, se asustó mucho cuando escuchó a Snape gemir, aún metido en sus sueños. Hermione sonrío y cerró su libro, se sentó a un palmo de él y acarició su larga cabellera negra. Sin dejar de acariciarlo, su otra mano recorrió todo el brazo de Severus, hasta llegar a su mano. Enredó sus dedos con los de Severus y los apretó suavemente.
-Hmmmm...- gruñó Severus, dando señales como si fuera a despertar.
Hermione esperaba por su despertar ansiosa, esperando despertar con un cálido beso que solo había tenido con Severus. Sin embargo, los deseos murieron rápido al escuchar lo que Severus dijo en susurro. La magia se acabó, y se sentía demasiado herida como para seguir acostada con él.
-...Lilly...- fue lo último que oyeron sus oídos de esa voz tan varonil y apasionada, esa voz que el amor de su vida, pero que lamentablemente, ella no le correspondía.
Mordiéndose su labio inferior, aguantando su explosión en lagrimas. Cogió todo lo que era suyo, y veía a simple vista. Corrió hasta el umbral de la puerta, y antes de abrirla, miró por última vez a Severus Snape, con una tristeza profunda. Lo único que su alma fue capaz de soltar, fue una fría mirada, llena de resentimiento. Terminando esto, abrió la puerta y salió rápidamente de ese lugar.
El mundo de Hermione se derrumbaba y parecía no haber cura para ese inmenso dolor que sentía en esos momentos, Sus ojos marrones se turnaron negros a causa del dolor, impotencia, decepción, celos, tristeza y por último y el peor de todos, un amor frustrado. Ella juraba que Severus sentía algo por ella, siquiera algo mínimo, pero todo fue una mentira. Odiaba a esa tal "Lilly" que ni siquiera conocía pero se moría de celos por corresponderle a él, y ella en el caso, se había quedado sin pan ni pedazo.
Las pisadas de Hermione se sentía como un gran eco en el castillo, pero todos parecían hacer caso omiso a la situación, como si supiesen que no era momento de interferir. Entrando a la casa de Gryffindor, pasando por la casa común, se da cuenta como Ginny le miraba seria, con una gran incógnita en sus ojos.
-¿Qué paso Hermione?- preguntó preocupada.
-Snape, él...- sin poder completar la frase que quería decir, se derrumba en el suelo en llanto, sin poder respirar bien.
Ginny no le importó saber la razón de por qué Hermione lloraba, tan solo caminó hacia ella y la acarició, como dándole un consuelo. Por su parte, Hermione no se demoró en aceptar la ofrenda de paz que Ginny le ofrecía, era lo único que podía curarle el corazón roto.
De a poco se levantaron del piso y caminaron lentamente hasta el sofá que se encontraba frente a frente de la ventana, dejando a la Luna mostrarse en su máximo esplendor. No habían dicho media palabra en un largo rato, Hermione miraba atontada la luna, como si fuese lo más importante en el mundo. Ginny tuvo que intervenir para saber la razón de por qué Hermione había llegado tan destruida a su casa.
-Hermione, por favor dime que sucedió. Qué te hizo Snape.
Hermione de inmediato bajó la mirada, con una tristeza inmensa, pero sin querer llorar, ya nunca más. Sus ojos se habían secado por tanto llorar -Él... susurró el nombre de otra mujer mientras dormía y yo lo acariciaba.
Ginny arrugó la nariz, molesta, cruzando los brazos y mirando decepcionada a lo superior -Ese viejo, despreciable...
-Déjalo, ya no importa, fui yo quien se ilusionó mucho con todo este cuento del castigo.
-Pero tú lo amas...- susurró Ginny, apenada.
-Y él no a mí- contestó Hermione finalmente, molesta. Se levantó del sofá y miró seria a Ginny -A partir de esta noche, no volveré a nombrar su nombre, tan solo me preocuparé en estudiar y de mis amistades. De nada más- sin decir nada más, subió corriendo las escaleras, dirigiéndose hasta su cama, hundiéndose en llanto, dejando a Ginny con las palabras en la boca.
La mañana siguiente apareció cubierta de nieve. Era uno de los días más helados que los alumnos de Hogwarts alguna vez habían sentido. Hermione no dirigió ni una palabra y ni una mirada, parecía que nada le importaba ya. A Ginny le dolía mucho ver a su mejor amiga en tal forma, pero no sabía qué hacer con eso. Tan solo podía confiar en que Hermione supiese que ella estaría allí para lo que sea.
Hermione caminó vagamente hasta la sala de Encantamientos, clase que le tocaba hoy, único lugar donde sabía con seguridad que ni Malfoy ni Snape estarían ya que la profesora era una Impura. Allí se encontró con sus viejos amigos, ocultando su dolor, algo que logró con Ron, pero no con Harry.
Harry y Hermione se sentaron juntos y mientras esperaban que llegara la profesora, Harry interrumpe la burbuja de Hermione y comienzan a charlar.
-¿Qué sucede Hermione?- preguntó curioso pero con cierto tono de ternura entre sus palabras.
-Nada Harry, dejame en paz.- dijo sin darle mucha importancia.
-Hermione, somos mejores amigos desde hace seis años, por favor dime qué sucede. Yo siempre te digo todo lo que me sucede y aún así no me arrepiento porque sé que puedo confiar contigo.
Estas últimas palabras habían hecho meditar a Hermione. Era cierto, habían sido mejores amigos desde el día que se conocieron. Siempre se habían contado cosas, y juzgado entre sí, pero solo para mejorar ciertos aspectos que no gustaban. Hermione dio un suspiro cansador y decir hablarle.
-¿Enserio debo contártelo aquí?- preguntó apagada.
-Si, aquí mismo.
-Está bien...- baja la mirada, desbordando una lagrima -Estoy enamorada de Severus.
Eso sonó como una tormenta en los oídos de Harry. ¡¿Cómo Hermione, siendo tan interesante, reservada e inteligente, se pudo haber fijado en ese cruel hombre?! Harry apretó sus puños con fuerza, asustando a Hermione.
-¿Ves? ¡Por eso no quise contártelo!
-Mis prejuicios no importan ya.- dijo molesto -¿Y por qué lloras? ¿Qué te hizo?- preguntó a la defensiva.
-Estos días nos hemos dados dos besos, en dos días y bueno yo pensé que... no lo sé, que él si sentía algo por mí como yo por él. Pero... descubrí que él estaba enamorado de una tal Lilly.
De repente parecía que el ambiente se había puesto tenso, la atmósfera era asfixiante, para ambos. Harry sintió como un nudo en la garganta, y Hermione sintiéndose como una real estúpida, supo la razón por qué.
-Harry... el nombre Lilly es muy común en estos días.- dijo palabras de consuelo, acariciando su espalda.
-Debemos averiguarlo. Supe por Sirius que mamá tenía un amigo raro de la casa de Slytherin. Piensa Hermione, ambos eran de la misma época.
-No lo sé Harry, ¿en verdad crees que es posible?
-No lo sé, pero... me gustaría averiguarlo.
-Está bien...- dirige la mirada en frente y observa a Ron, conversando muy a gusto con sus amigos. -¿Le contaremos a Ron?- preguntó nostálgica.
-Es nuestro amigo, debemos decirle.
-Bien... pero resolvamos este asunto luego, después de clases.
-Me parece bien.
Las horas pasaron muy inquietas, en un silencio muy incómodo. Hermione decidió escaparse de la sala en tanto terminase su trabajo. Como siempre, era la primera en terminar sus trabajos, por una gran delantera. Caminó lentamente por los pasillos de Hogwarts, esperando encontrarse con algo interesante, pero para su mala suerte, no la hubo, ya que todos estaban en clase a esa hora. Se sentó en el suelo del pasillo que unía a Slytherin con Gryffindor, no excediendo ni un espacio personal. Intentaba aclarar su mente, pero cada idea parecía tan lejana como para encontrar alguna respuesta.
Sus ojos se inundaban de lagrimas en el momento que recordaba el incidente de la noche anterior. Se prometió que no volvería a pensar en ese hombre, pero su corazón dolía cada vez que no había nada para distraerla. Siempre iba a aparecer algo para recordarlo.
Sus pensamientos pronto se vieron rotos a causa del escándalo del que era testigo. Las voces se oían distantes, pero todo eran ruidos así que escuchaba con claridad lo que se decía. Hermione no entendía lo que pasaba, tan solo escuchó cierta frase que la dejó muy curiosa "Si ella no se hubiese puesto en el medio del asunto, la misión se hubiese completado hace mucho tiempo atrás" gritada por Snape, pero con una voz más ronca. Eso la llevó a la idea de que ya era nuevamente un viejo de 41 años.
Rápidamente se levantó del suelo, y se quedó inmóvil en el momento que vio a Snape caminar, más bien trotar por los pasillos, con una expresión de estar enojado. Sus ojos se cruzaron en el momento que los alumnos salieron de clases, Hermione negó con la cabeza y marchó. Snape, confundido de seguirla o no, decidió seguirla, disimuladamente.
Hermione caminaba con gran prisa y Severus le seguía, intentando de no perder su rastro. Ella ya se sentía como prisionera por ese hombre, por sus encantos, por el poder que él tenía sobre ella. Ya había subido hasta el 3º piso y Hermione volteó a ver atrás para asegurarse de que no la había seguido, y no lo logró. En cuanto miró al frente, vio unos ojos negros perturbados, llenos de dudas al igual que su mente, muy cerca de ella.
Su respiración se acortaba y eso jugaba en su contra. Volvía a caer en el pecado.
-¿Por qué se esconde tanto de mí, Granger? ¿Acaso me teme o qué?- mufó en tono de burla.
-No, eso jamás- contestó rudamente -Solo hago lo que me ordenó, alejarme de usted. Además, ¿para qué me quiere cerca? Si ya tiene a esa Lilly- dijo liberándose de los celos y el enojo en un tono muy frío.
-¿Cómo fue que...?
-Lo susurró mientras dormía. No puedo creer que me haya usado tan solo para jugar. Pensé que era algo importante en su vida.- dijo finalmente, derramando una lagrima con un tono lleno de tristeza -Déjeme sola, no lo quiero volver a ver- dijo intentando zafarse de su presencia.
Sin importarle cómo fue que Hermione se había enterado de Lilly, no quería perderle, jamás quería perderle. Rodeó a Hermione con sus brazos, y le miró fijamente a los ojos. Tomó suavemente su mentón -Lilly es la niña que te dije que me gustaba, pero ella ya es del pasado. Tú eres mi presente y futuro.- dijo dulcemente con un tono de verdad.
-Quiero que me prometa que solo tendrá ojos para mí.- dijo Hermione, desamparada.
-Solo para ti. La bruja más chiflada, sabelotodo, desagradable, chillona, sacadora de quicios... pero la mujer más hermosa que alguna vez conocí, y es contigo que quiero pasar el resto de mi vida. No me importa si es algo indebido o algo loco, mi corazón muere cada vez que no estás conmigo. Te necesito cerca de mí para ser completamente yo.
-Yo también te amo Snape, no tienes ni idea de cuanto me dolió al pensar de que amabas a otra y que yo... tan solo era otra mujer.
-Pues deja de pensar eso, porque eres tú la persona que yo amo.
Por un momento, ambas miradas se cruzaron, dirigiendo ternura y pasión al mismo tiempo. Ambos se amaban y deseaban, entonces... ¿qué les impedía seguir?
-Severus por favor besame, robame el aliento, y no me dejes ir. Nunca me dejes ir, por favor te lo pido- le rogó Hermione, derritiendo su cubierta de orgullo, y entregándose por completo a quien amaba.
-Tus deseos son ordenes.- dibujó una pequeña sonrisa hasta dirigirse a la única cosa que era drogadicto, la esencia de Hermione, sus labios.
Ambos acariciaban de sus labios, y descifraban cada parte de ambos labios como si fuesen un tesoro. Entonces el beso cada vez más tomaba más forma, era intenso, lleno de pasión y sentimientos, estaban fuera de órbita. Era un delicioso éxtasis, manjar de los Dioses, era como refugiarse en el único lugar que se podría llamar santo, los labios de la persona quien se ama.
Hermione se despegó de los labios de Snape a causa de la falta de aire, y miró fijamente esos ojos negros que le habían robado el sueño desde que apenas era una niñita.
-Lo amo Severus.- sonrió y volvió a entregarle sus labios, para que hiciera lo que le plazca con ellos. Su cuerpo entero era de Snape, ya no le importaba si no tenía control sobre ella misma, tan solo quería estar con él, y nunca dejarlo.
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Espero que les guste el cap C: Es demasiado romántico :$
//Enchanted// Nick ~ Miley {By Taylor Swift} Dedicado a 'Michelle Brizuela'
Lamentablemente tuve problemas con subir el video asi qe... espero qe aun asi se pueda ver en YT, por eso, aquí les dejo el enlace para qe vean el video ;)
Ojala no haya ni un problema y Michelle, espero qe te haya gustado. No es el mejor, pero algo es algo, y la verdad, disfruté haciendo el video. Lamento la demora, estuve estudiando toda la semana ¬¬
Historia:
Miley conoce a Nick a través de una red social, tan solo por chat, y un día deciden verse. Entonces, Nick se demora un poco, mientras que Miley para no sentirse más humillada, hace vida social con una chica que estaba a un lado. Un rato pasó y Miley, apunto de irse, se da cuenta de que Nick al fin había llegado, justo como él se había describido así mismo. Miley jamás pensó que Nick le pudiese gusta, ya que ha sido un gran amigo durante un año, pero... se da cuenta de que todo eso cambió al verlo tan guapo esa noche, con una flor entre manos.
De repente, Nick levanta la mirada y mira extrañado a una chica que no lo dejaba de mirar, se da cuenta de que se trataba de Miley. Sintió mariposas en la panza instantáneamente, le había gustado al primer vistazo. Entonces decide caminar hacia ella, mientras que ésta le esperaba con una gran sonrisa sobre su rostro.
Caminaron hasta una mesa que estaba más allá del restoran y comenzaron a hablar temas simples de la vida.
Todo el ambiente era de risas, Nick hacía reír mucho a Miley, y a él le enamoraba su atontonada risa, y sobre todo su sonrisa.
Miley en sí, solo gritaba de emoción, no dejaba de pensar en lo guapo que era, y en lo simpático, y lo dulce. Era la perfecta combinación de lo que andaba buscando.
Unos días habían pasado, y ni uno de los dos habían hablado desde ese entonces, algo que a ambos les preocupaba. Miley había estado con insomnio todas las noches, preguntándose que pensaba él sobre ella, e inverso, Nick también hacía lo mismo; la única diferencia es que ni uno de los dos sabía.
En un sueño, Miley soñaba que Nick aparecía en su puerta y le día "Oye, fue encantador conocerte" algo lo que emocionaba totalmente a Miley, pero no dejaba de ser tan solo un sueño.
Nick por su parte, no dejaba de extrañar a Miley, la extrañaba demasiado y lo único que deseaba era lograr verla nuevamente, muriéndose de las ganas de decirle que fue encantador conocerla.
Entonces por fin se vuelven a ver, una cita en la playa. Ambos jugaban en la arena, felices y muy encantados por la compañía mutua.
Miley se despide de Nick diciéndole que se mudaría a otra ciudad, dejándose a ambos abatidos. Deciden hacer la noche lo más eterna posible, pero así se fueron a casa, con un gran nudo en la garganta, pero de repente toda esa tristeza se va al recordar todas sus conversaciones, sus risas, sus momentos simples, sonrojados durante todo el camino a casa, con una gran pregunta metida en sus mentes "¿Sabrá él/ella que estuve encantad@ de conocerl@?
Al momento que Miley llega a casa, ordena de inmediato sus cosas y ve en su celular una foto de ella y Nick y sonríe para sí misma al recordar todo lo que pasaron. Mira hacia afuera y no puede creer lo que ve, Nick corriendo hacia su casa. Miley sonríe y sale fuera de su casa. Sin siquiera decir hola, o algo por el estilo, Nick le grita que la ama y Miley también le corresponde, diciéndole que lo ama.
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Michelle espero que te haya gustado el vídeo, no soy la mejor haciendo estas cosas, menos inventando historias de amor, pero... esto lo hice con mucho cariño de mí para tí ;)
Etiquetas: Niley, Jemi, Disney, Música
Enchanted (Niley)
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Luz de mis Ojos //5º Episodio// {Un misterio}
El silencio era como un fuerte ruido que sonaba en la conciencia de Severus, se sentía demasiado solo, ese día por la mañana. No sabía cómo tomar que su "alumna preferida" haya pasado la noche con él. Sabía que era un total error, pero se sentía maravillado. Pero saber que aún le pertenecía a Draco, le llenaba de ira y frustración.
¡Qué ganas de correr hacia ella y gritarle a los 4 vientos que la amaba! Pero no era tan fácil como todos creían. Faltaba un día más para que pudiese volver a la normalidad, y ella ya no lo querría. Pero... wow, van dos besos en una semana. Eso era un logro. Un beso de esos hermosos labios tan finos, era todo un premio, y aunque también les perteneciese a otra persona, se sentía conforme.
Decidió quedarse en su cama, como todo un vago. No tenía ni una obligación y estaba obligado a permanecer solo en su oficina. Si alguien más se enteraba que era un chiquillo de 16 años nuevamente, haría un escándalo. Sin embargo, confiaba en Hermione para que no divulgase la noticia.
Mientras tanto, Hermione asistía clases, su cuerpo estaba ahí, pero sus pensamientos volaban lejos de donde ella estaba... El beso que le dio ayer a Severus, fue único y jamás lo olvidará. Sonreía al recordar como sus ojos brillaban hacia la noche y sus pensamientos se mezclaban con los de ella. Severus no puede negar que no sintió nada con ese beso, aunque sea el sentimiento más mínimo, pero debió haber sentido algo por ella.
Al menos sus dudas se habían aclarado, Severus era el hombre de su vida.
-Hermione, Hermione, Hermione...- escuchó Hermione, asustada al notar que Draco le hablaba y la sacudía suavemente de un lado a otro.
-¿Qué? ¿Qué quieres Draco?- pregunta molesta.
-Me gustaría mucho que mi novia me llamase amor.- dijo algo molesto.
-¿Qué pasa?- preguntó insistente.
-Quería invitarte al Lago, a nuestra primera cita.- le regala una sonrisa dulce, mientras se sentaba en el pupitre que estaba delante de ella, sin dejar de mirarla.
-Es que bueno yo...
-¿Recuerdas la razón de por qué somos novios?- mira insensible los ojos de Hermione.
Al verse entre la espada y la pared, no tuvo de otra que aceptar la proposición que Draco le hacía. Se levantó de su pupitre y le dirigió una pequeña sonrisa, mientras que éste, multiplicaba el tamaño de su sonrisa.
Hermione pensaba que esto era solo para verla sufrir, sabiendo que ella estaba enamorada de Severus. Pero lo que ella no sabía, era que cuando Draco le dijo esas cosas tan dulces hace dos días atrás, en verdad significaron mucho para él. Hermione era todo lo que veía a cada momento, la persona perfecta para discutir y para amar. No quería, necesitaba, o deseaba a otra, no, él quería tan solo a esa chica que le robaba el sueño todas las noches, Hermione.
¿Cómo? ¿En qué momento fue? No tenía ni idea, pero sabía que al escuchar su voz, tan solo escuchaba el sonido del revuelo de los ángeles. De las pocas veces que había visto sonreír a Hermione, había sido uno de los recuerdos más valiosos para él, recuerdos que no se iban a borrar con facilidad.
Agh... ¿pero por qué se molestaba tanto en conseguir algo que jamás sería suyo? El corazón de ella ya estaba ocupado, y aunque la obligase a amarlo, ella nunca lo haría realmente ya que ella siempre estuvo y lo estará de Severus Snape.
Caminaron de la mano, sin conversar temas interesantes, pero al parecer, a muchos miembros tanto de la casa de Gryffindor como a los de Slytherin, parecía sorprenderles la nueva pareja que circulaba por los pasillos de Hogwarts, ¿acaso el mundo estaba pataras arriba? Hermione bajaba la mirada a cada momento que se cruzaba con alguno de sus conocidos, y no sabía con exactitud por qué.
En cuanto llegaron a orillas del Lago Negro, Draco tomó rápidamente a Hermione de la cintura, y la llevó hasta el lago.
-¡Bájame Draco!- protestó Hermione, algo enojada pero riendo.
-¡No hasta que digas que me amas!- gritó también riendo pero el ambiente se tensó y de inmediato bajó a Hermione, con suma delicadeza.
Los ojos de Hermione enfriaron el corazón de Draco, al mirarlo tan triste. Él obviamente sabía la respuesta.
-Draco, lo lamento...
-Si, si...- encaminó hasta la orilla nuevamente, herido. -Tú amas a tu profesorcito.- dijo celoso, sin dirigirle la mirada.
-¿Y desde cuándo te importa ese aspecto de mí? Antes me ignorabas y me encontrabas como poca cosa, y ahora resulta que éstas celoso. ¿Quién te entiende?
-¡Nadie! Y tampoco quiero que alguien lo haga.- se detiene y no se aleja al ver como Hermione se acercaba peligrosamente hasta donde estaba él.
-Draco, dime la verdad. Sé que hay algo que ocultas.
-Nada, déjame en paz.- le miró incompasivo y caminó hasta donde estaba su mochila. Le mira despiadado -Vete con tu profesor y hagan lo que quieran, pero no vuelvas a hablarme. No quiero saber nada de ti, ¡sangre sucia inmunda!- le gritó furioso sin rencor alguno, sin importarle cómo le afectaría eso a Hermione. Se quedó allí por varios segundos y después comenzó a caminar lejos de ella, evitando ver como la mujer que ama lloraba incansablemente.
Hermione estaba acostumbrada a que Draco le maltratase, pero eso, había llegado directo a su corazón. Pero sabía que por alguna razón le había dicho aquello y no descansaría hasta saber qué era. En algún momento, se le cruzó la idea de que Draco en verdad la quería, pero... no, aunque era una razón convincente.
Sin darle más vueltas al asunto, caminó hasta el despacho de Snape, ocultando sus lagrimas durante todo el camino. Snape abrió la puerta despreocupado, hasta que vio a Hermione hecha un mar de lagrimas. Su rostro había cambiado de ser despreocupado a severamente preocupado. Sacó la cabeza hacia afuera y visualizó si alguien los veía, por su suerte, nadie estaba, así que abraza calurosamente a Hermione y la invita a pasar.
-¿Qué pasó Granger?- intenta sonarse despreocupado, aunque claramente estaba muy preocupado al encontrarla en esas condiciones.
-Draco rompió conmigo.- dijo triste, bajando la mirada.
-Qué mal...- dijo sin sentimiento alguno.
-Usted sabe que es bueno para usted y para mí, pero me quedé preocupada por él.
-¿Por qué? ¿No que él había roto con usted?
-Pues si, pero... no porque él haya querido, él sabe que es a usted quien yo amo.- al terminar de decir eso, se calla de inmediato, casi voluntariamente.
El corazón de Severus dio un salto completo. Nunca le había dicho eso, y ahora se podía sentir totalmente maravillado. No pudo evitar demostrar su felicidad con una enorme sonrisa que se desprendía de su joven rostro. ¡Ambos se amaban! A no ser que haya estado soñando de nuevo, eso hizo que sus pies pisaran tierra nuevamente.
-¿Qué pasó finalmente con el señor Draco?- preguntó como si fuera cualquier cosa, evitando su interés.
-No lo sé, me dejo sola en el Lago Negro, y yo la verdad... no sé qué hacer.
-No me diga que ahora resulta que está enamorada del señor Malfoy- dijo, finalmente dirigiéndole la mirada, esperando ansioso su respuesta.
Por lo general, Hermione hubiese respondido de inmediato, pero en ese día, algo había cambiado. No era que en verdad amase a Malfoy, eso no, pero formó a ser parte importante en su vida, y no estaba dispuesta a perderle. No sabía que sentía con exactitud, pero... debía averiguarlo.
-Lo lamento, debo irme- dijo finalmente, tomando apresurada sus cosas. Literalmente, salió corriendo del despacho de Severus, dejándolo solo, confundido y triste. Sabía que su felicidad duraría poco, pero nunca tan poco como para durar menos de cinco minutos.
Ya bastante cansada y agitada tras haber corrido por dos minutos hasta el cuadro protector de Slytherin, tontamente se preguntó dentro de sí misma qué le diría a Draco, por qué dejo solo a Snape, se sintió culpable al haberle dicho que lo amaba y luego haber corrido así. Deseaba con ansias que Severus no pensara que ella solo jugaba con él, porque él era la vida para ella, pero por lo general, estaba acostumbrada a actuar primero por el corazón y luego por la racionalidad.
Dio un largo suspiro, y decepcionada por ella misma decidió ir a su casa y descansar. Pero entonces, en cuanto baja un escalón, casi resbala al cambiar la posición de las escaleras. Decidió correr para que la escalera no llevase a otra dirección y ésta la llevo hasta el 3º piso. Un lugar terrorífico donde había estado unas cuantas veces con Ron y Harry. Dio pasos desconfiados, pero silenciosos y escuchó unas voces al final del pasillo. Sacó la varita de su túnica y en susurro conjuró un hechizo.
-Concealment.- y enseguida se hizo invisible. Caminó silenciosamente hasta donde se encontraba la persona quien hablaba, se sorprendió al ver quienes eran, nada más ni nada menos que Snape y Malfoy. Se quedó detrás de la esquina, y escuchó atentamente lo que decían.
-Se suponía que no debías estar metido en otros asuntos que no fueran relacionados con los mortífagos.- susurró Snape, enojado.
-Y se suponía que tú no debías estar relacionado sentimentalmente con los alumnos, menos con una chiquilla que podría ser su hija.- lo empujó lejos de él -Mejor me dejas en paz, yo sé lo que debo hacer, así que déjame tranquilo.
-No te creas el más valiente Malfoy, ambos sabemos que no serás capaz de hacerlo por tú solo, necesitarás de mí.
-Cuando necesite de un consejo paternal, lo llamaré, no lo dude.- le dedicó una mirada de odio y marchó, caminando por un lado de Hermione, sin que éste se diese cuenta.
Severus por su lado, caminó hacia el camino contrario, dejando a Hermione muy curiosa con el tema de que hablaban. ¿Cómo era posible que Snape y Draco estuviesen ligados entre sí? ¿Qué clase de secreto guardaban? Moría de curiosidad por saber y al parecer, tendría que averiguarlo por su cuenta.
¡Qué ganas de correr hacia ella y gritarle a los 4 vientos que la amaba! Pero no era tan fácil como todos creían. Faltaba un día más para que pudiese volver a la normalidad, y ella ya no lo querría. Pero... wow, van dos besos en una semana. Eso era un logro. Un beso de esos hermosos labios tan finos, era todo un premio, y aunque también les perteneciese a otra persona, se sentía conforme.
Decidió quedarse en su cama, como todo un vago. No tenía ni una obligación y estaba obligado a permanecer solo en su oficina. Si alguien más se enteraba que era un chiquillo de 16 años nuevamente, haría un escándalo. Sin embargo, confiaba en Hermione para que no divulgase la noticia.
Mientras tanto, Hermione asistía clases, su cuerpo estaba ahí, pero sus pensamientos volaban lejos de donde ella estaba... El beso que le dio ayer a Severus, fue único y jamás lo olvidará. Sonreía al recordar como sus ojos brillaban hacia la noche y sus pensamientos se mezclaban con los de ella. Severus no puede negar que no sintió nada con ese beso, aunque sea el sentimiento más mínimo, pero debió haber sentido algo por ella.
Al menos sus dudas se habían aclarado, Severus era el hombre de su vida.
-Hermione, Hermione, Hermione...- escuchó Hermione, asustada al notar que Draco le hablaba y la sacudía suavemente de un lado a otro.
-¿Qué? ¿Qué quieres Draco?- pregunta molesta.
-Me gustaría mucho que mi novia me llamase amor.- dijo algo molesto.
-¿Qué pasa?- preguntó insistente.
-Quería invitarte al Lago, a nuestra primera cita.- le regala una sonrisa dulce, mientras se sentaba en el pupitre que estaba delante de ella, sin dejar de mirarla.
-Es que bueno yo...
-¿Recuerdas la razón de por qué somos novios?- mira insensible los ojos de Hermione.
Al verse entre la espada y la pared, no tuvo de otra que aceptar la proposición que Draco le hacía. Se levantó de su pupitre y le dirigió una pequeña sonrisa, mientras que éste, multiplicaba el tamaño de su sonrisa.
Hermione pensaba que esto era solo para verla sufrir, sabiendo que ella estaba enamorada de Severus. Pero lo que ella no sabía, era que cuando Draco le dijo esas cosas tan dulces hace dos días atrás, en verdad significaron mucho para él. Hermione era todo lo que veía a cada momento, la persona perfecta para discutir y para amar. No quería, necesitaba, o deseaba a otra, no, él quería tan solo a esa chica que le robaba el sueño todas las noches, Hermione.
¿Cómo? ¿En qué momento fue? No tenía ni idea, pero sabía que al escuchar su voz, tan solo escuchaba el sonido del revuelo de los ángeles. De las pocas veces que había visto sonreír a Hermione, había sido uno de los recuerdos más valiosos para él, recuerdos que no se iban a borrar con facilidad.
Agh... ¿pero por qué se molestaba tanto en conseguir algo que jamás sería suyo? El corazón de ella ya estaba ocupado, y aunque la obligase a amarlo, ella nunca lo haría realmente ya que ella siempre estuvo y lo estará de Severus Snape.
Caminaron de la mano, sin conversar temas interesantes, pero al parecer, a muchos miembros tanto de la casa de Gryffindor como a los de Slytherin, parecía sorprenderles la nueva pareja que circulaba por los pasillos de Hogwarts, ¿acaso el mundo estaba pataras arriba? Hermione bajaba la mirada a cada momento que se cruzaba con alguno de sus conocidos, y no sabía con exactitud por qué.
En cuanto llegaron a orillas del Lago Negro, Draco tomó rápidamente a Hermione de la cintura, y la llevó hasta el lago.
-¡Bájame Draco!- protestó Hermione, algo enojada pero riendo.
-¡No hasta que digas que me amas!- gritó también riendo pero el ambiente se tensó y de inmediato bajó a Hermione, con suma delicadeza.
Los ojos de Hermione enfriaron el corazón de Draco, al mirarlo tan triste. Él obviamente sabía la respuesta.
-Draco, lo lamento...
-Si, si...- encaminó hasta la orilla nuevamente, herido. -Tú amas a tu profesorcito.- dijo celoso, sin dirigirle la mirada.
-¿Y desde cuándo te importa ese aspecto de mí? Antes me ignorabas y me encontrabas como poca cosa, y ahora resulta que éstas celoso. ¿Quién te entiende?
-¡Nadie! Y tampoco quiero que alguien lo haga.- se detiene y no se aleja al ver como Hermione se acercaba peligrosamente hasta donde estaba él.
-Draco, dime la verdad. Sé que hay algo que ocultas.
-Nada, déjame en paz.- le miró incompasivo y caminó hasta donde estaba su mochila. Le mira despiadado -Vete con tu profesor y hagan lo que quieran, pero no vuelvas a hablarme. No quiero saber nada de ti, ¡sangre sucia inmunda!- le gritó furioso sin rencor alguno, sin importarle cómo le afectaría eso a Hermione. Se quedó allí por varios segundos y después comenzó a caminar lejos de ella, evitando ver como la mujer que ama lloraba incansablemente.
Hermione estaba acostumbrada a que Draco le maltratase, pero eso, había llegado directo a su corazón. Pero sabía que por alguna razón le había dicho aquello y no descansaría hasta saber qué era. En algún momento, se le cruzó la idea de que Draco en verdad la quería, pero... no, aunque era una razón convincente.
Sin darle más vueltas al asunto, caminó hasta el despacho de Snape, ocultando sus lagrimas durante todo el camino. Snape abrió la puerta despreocupado, hasta que vio a Hermione hecha un mar de lagrimas. Su rostro había cambiado de ser despreocupado a severamente preocupado. Sacó la cabeza hacia afuera y visualizó si alguien los veía, por su suerte, nadie estaba, así que abraza calurosamente a Hermione y la invita a pasar.
-¿Qué pasó Granger?- intenta sonarse despreocupado, aunque claramente estaba muy preocupado al encontrarla en esas condiciones.
-Draco rompió conmigo.- dijo triste, bajando la mirada.
-Qué mal...- dijo sin sentimiento alguno.
-Usted sabe que es bueno para usted y para mí, pero me quedé preocupada por él.
-¿Por qué? ¿No que él había roto con usted?
-Pues si, pero... no porque él haya querido, él sabe que es a usted quien yo amo.- al terminar de decir eso, se calla de inmediato, casi voluntariamente.
El corazón de Severus dio un salto completo. Nunca le había dicho eso, y ahora se podía sentir totalmente maravillado. No pudo evitar demostrar su felicidad con una enorme sonrisa que se desprendía de su joven rostro. ¡Ambos se amaban! A no ser que haya estado soñando de nuevo, eso hizo que sus pies pisaran tierra nuevamente.
-¿Qué pasó finalmente con el señor Draco?- preguntó como si fuera cualquier cosa, evitando su interés.
-No lo sé, me dejo sola en el Lago Negro, y yo la verdad... no sé qué hacer.
-No me diga que ahora resulta que está enamorada del señor Malfoy- dijo, finalmente dirigiéndole la mirada, esperando ansioso su respuesta.
Por lo general, Hermione hubiese respondido de inmediato, pero en ese día, algo había cambiado. No era que en verdad amase a Malfoy, eso no, pero formó a ser parte importante en su vida, y no estaba dispuesta a perderle. No sabía que sentía con exactitud, pero... debía averiguarlo.
-Lo lamento, debo irme- dijo finalmente, tomando apresurada sus cosas. Literalmente, salió corriendo del despacho de Severus, dejándolo solo, confundido y triste. Sabía que su felicidad duraría poco, pero nunca tan poco como para durar menos de cinco minutos.
Ya bastante cansada y agitada tras haber corrido por dos minutos hasta el cuadro protector de Slytherin, tontamente se preguntó dentro de sí misma qué le diría a Draco, por qué dejo solo a Snape, se sintió culpable al haberle dicho que lo amaba y luego haber corrido así. Deseaba con ansias que Severus no pensara que ella solo jugaba con él, porque él era la vida para ella, pero por lo general, estaba acostumbrada a actuar primero por el corazón y luego por la racionalidad.
Dio un largo suspiro, y decepcionada por ella misma decidió ir a su casa y descansar. Pero entonces, en cuanto baja un escalón, casi resbala al cambiar la posición de las escaleras. Decidió correr para que la escalera no llevase a otra dirección y ésta la llevo hasta el 3º piso. Un lugar terrorífico donde había estado unas cuantas veces con Ron y Harry. Dio pasos desconfiados, pero silenciosos y escuchó unas voces al final del pasillo. Sacó la varita de su túnica y en susurro conjuró un hechizo.
-Concealment.- y enseguida se hizo invisible. Caminó silenciosamente hasta donde se encontraba la persona quien hablaba, se sorprendió al ver quienes eran, nada más ni nada menos que Snape y Malfoy. Se quedó detrás de la esquina, y escuchó atentamente lo que decían.
-Se suponía que no debías estar metido en otros asuntos que no fueran relacionados con los mortífagos.- susurró Snape, enojado.
-Y se suponía que tú no debías estar relacionado sentimentalmente con los alumnos, menos con una chiquilla que podría ser su hija.- lo empujó lejos de él -Mejor me dejas en paz, yo sé lo que debo hacer, así que déjame tranquilo.
-No te creas el más valiente Malfoy, ambos sabemos que no serás capaz de hacerlo por tú solo, necesitarás de mí.
-Cuando necesite de un consejo paternal, lo llamaré, no lo dude.- le dedicó una mirada de odio y marchó, caminando por un lado de Hermione, sin que éste se diese cuenta.
Severus por su lado, caminó hacia el camino contrario, dejando a Hermione muy curiosa con el tema de que hablaban. ¿Cómo era posible que Snape y Draco estuviesen ligados entre sí? ¿Qué clase de secreto guardaban? Moría de curiosidad por saber y al parecer, tendría que averiguarlo por su cuenta.
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