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domingo, 1 de julio de 2012

Eneamor cap. 2 [Una Cita Real en Francia]


Luego de que Draco le haya dicho que Hermione era hermosa frente a sus ojos, ellos dos no habían vuelto a hablar. Hermione seguía anonadada con lo que Draco le había dicho, y la forma en que la confortó aquella vez que estaba hecha un lío a causa de su amor imposible de Harry. Era verdad que le había hecho bien, solo que aún no era capaz de tragar ese cuento, pues Draco la había torturado durante 6 años, y éste último año, todo era tan distinto…

En el salón de clases, Hermione era muy cuidadosa para que Draco no notara que ella lo observaba, lo mismo pasaba con Draco, que moría de ganas por estar donde ella estaba a cada momento, y escuchar su voz melodiosa cerca de su oído que provocaba miles de emociones dentro de éste. Hermione no había vuelto a botar otra lágrima por Harry desde aquel día, y a pesar que aún lo quisiese y sufriera porque ahora estaba con Ginny, su alma estaba en calma hasta ahora.

Volviendo a la actualidad, los chicos estaban en horario de clases, y Harry se sentaba con Dean; Hermione con Ron y Draco con Pansy, en la clase de Historia de la Magia. Hermione como siempre prestaba mucha atención y participaba en todo lo que podía, lo que resultaba ser casi toda la clase, mientras que Draco escribía sus apuntes y al mismo tiempo pensaba en una única persona: Hermione Granger.

La miraba a cada momento que podía, cuando nadie se diera cuenta. Ella se había convertido en una fuerte obsesión y debía superarlo, la interrogativa aquí era, ¿cómo? En cuanto salió del salón se dirigió a la biblioteca a repasar un poco de historia para el examen que sería mañana. Entonces, su obsesión también estaba allí.

Draco había tomado un libro del mueble, y en cuanto lo sacó, pudo observar a través del hueco que Hermione había entrado junto a Ginny, de una forma muy extraña pues, Ginny iba adelante mostrando una cara seria y enojada, mientras que Hermione llevaba una cara algo atemorizada. Draco las observó hasta que ambas chicas llegaron a su lugar definitivo, y entonces Draco las siguió hasta un pasillo más adelante que el suyo, esforzándose para poder escuchar su conversación.

-Ni te atrevas a tocar a Harry, ¿me escuchaste?- le dijo Ginny a Hermione, de una forma intolerante.

-Ni lo he tocado, ni tampoco besado Ginny, cálmate por favor.- le rogó Hermione, silenciándola e intentando calmarla.

-Es una estupidez, luego de todos estos años de amistas a ti se te ocurre enamorarte de Harry, ¡el chico que me ha gustado hace más de 6 años!

-Harry ha sido mi mejor amigo desde hace 6 años tú solo eres la hermana pequeña de Ron, tú te entrometiste en mi camino con Harry primero.- se defendió Hermione, regulando su voz respecto a la situación.

-No importa quien se haya enamorado primero de él, el tema está en que yo te confesé primero que él me gustaba, y luego me debo enterar por otras personas que a ti también te gustaba. ¿Qué clase de amiga eres? -preguntó Ginny, nefasta.

-Ginny no importa ya, a Harry también le gustas y no pienso interferir en una relación donde la atracción es mutua. No quiero ser el mal trio.

-Muy bien dicho, espero que encuentres a alguien pronto para que podamos hacer una cita doble, los cuatro en un restaurante.

-Así será, no te preocupes.

-Eso si… debes conseguir a alguien para antes del domingo, para que pruebes que Harry ya no te interesa.

-¡¿Qué?! Pero Ginny es solo una semana…- decía Hermione, exaltada y preocupada.

-Lo sé, eso le dará un mejor toque a todo esto.

-Pero…- en menos de lo que había cantado un gallo, Ginny se había marchado sin decir ni otra palabra, dejando a Hermione asustada y sin saber qué hacer. Anduvo de vaga por la biblioteca intentando concentrar sus pensamientos en una sola cosa, pero se le hacía imposible pues, le estaba entregando en bandeja de plata a Harry, y ni siquiera era una decisión que ella conscientemente había tomado.

De la nada, Draco había aparecido con un libro de magia oscura, quien estaba de una apariencia muy formal e intelectual, lo que lo caracterizaba. Hermione le miró a los ojos queriendo decirle que no era un buen momento ahora, y aunque Draco haya entendido el mensaje, él hacía caso omiso pues quería estar con ella, y entonces se sentó a su lado.

-No entiendo por qué todas las de Gryffindor les gusta tanto ese “San Potter”- habló Draco, lanzando las palabras al aire sínicamente.

-Muchas lo quieren solo por su fama, yo lo quiero desde antes que ellas y por distintos motivos.

-Como sea… ¿necesitarás mi ayuda, no?- preguntó Draco de una forma muy tranquila.

-Draco hemos sido enemigos desde hace mucho tiempo que se me hace difícil pensar que nosotros realmente podamos ser amigos.

-Yo no quiero ser tu amigo, solo quiero estar cerca de ti, que es distinto.

-Por eso es extraño.- contestó Hermione, masajeando su cabeza con una mano. Miró de reojo a Draco. -¿Podemos fingir una cita?

-No acostumbro ser el consuelo de nadie pero… como no tengo nada que hacer, supongo que puedo hacerlo. Solo con una condición.- le advirtió Draco, engruesando su voz, intimidando a Hermione, provocando que ésta abriera sus ojos de par en par.

-¿Qué… qué cosa?- preguntó ella inocentemente, mientras miraba a Draco muy alarmada.

-Antes de la cita falsa quiero tener una verdadera cita contigo.

-¿Enserio? ¿Qué pasa si te ven junto a una “sangre sucia”?

-Me importa un pepino lo que esos inferiores a mí puedan opinar, solo quiero saber tu respuesta.

-Bueno, creo que podría resultar…

-Excelente, mañana te veo fuera del salón de clases, a las cuatro. Ponte linda.- y eso fue lo último que dijo Draco antes de que se marchara tal cual como lo hizo Ginny hace más o menos una hora.

Y entonces un día había pasado, y como Hermione creyó que estar con un vestido de gala en los pasillos de Hogwarts en plena hora de término de clases, solo llevó su vestido y zapatos dentro de su bolso que parecía tener como otra dimensión hay dentro. Esperó por casi diez minutos a Draco, y cuando estuvo apunto de irse indignada por su impuntualidad, llegó él, tan reluciente como siempre, llevando un terno completamente negro, y de camisa gris, con zapatos italianos. En verdad se veía fantástico.

-Menos mal que dije que te pusieras linda.- dijo Draco en un tono de ironía.

-¡Gracias! Qué caballero…- contestó Hermione en un mismo tono de ironía.

-¿Trajiste tu ropa elegante, no?

-Si, están en el…

-Póntelo.

-¡¿Qué?! Estás loco si piensas que me voy a desvestir frente a ti.- decía Hermione indignada.

-No quiero que te desvistas, tonta. Puedes usar el hechizo que nos enseñaron la clase pasada para aparecer con ese vestido, sin siquiera haberte quitado la ropa.

La cabeza de Hermione parecía que iba a estallar por la vergüenza. No recordaba el hechizo hasta que Draco se lo había mencionado y entonces lo usó. Se veía fantástica y muy elegante. Era un vestido corto de tirantes, muy al estilo casual, de un color gris con encajes negros, una perfecta combinación con los tacones grises de plataforma que justamente le hacían subir de estatura hasta la estatura de Draco. Draco estaba sorprendido viendo a Hermione, realmente estaba hermosa, y ya casi se le caía la baba.

Sin pleno aviso, ambos se habían tomado de las manos para tele transportarse. Hermione solo siguió a Draco, pues ella no tenía ni idea de dónde iría para la cita que Draco raramente quería tener con ella. La sorpresa de Hermione fue aún más grande cuando se dio cuenta que ya no estaban en el mundo muggle, más bien, estaban en el mundo normal, Francia, París. La ciudad del amor.

Constantemente Hermione se preguntaba cómo era que un orgulloso de tener una sangre reluciente la haya llevado a su primera cita al mundo muggle. Draco aún le sostenía la mano, y cuando llegaron a una clase de suite, apareció un hombre de tez morena con el que susurraba. Ambos entraron a un cuarto muy lujoso de un hotel que al parecer era muy famoso. Los suelos estaban impecables, y los adornos eran tan rústicos y elegantes, dignos de unos millonarios. Sin embargo Hermione se asustó al entrar a una habitación donde había una cama matrimonial, con una mesita llena de comida, flores, champagne y entre otras cosas que se les da a los recién casados.

-Draco… nosotros no…

-No haremos nada que te haga sentir incómoda.- le aseguró Draco, lo que hizo sonreír a Hermione muy sorprendida y sin embargo, maravillada con ese hermoso momento que compartía con el enemigo de toda su vida y que ahora sin darse cuenta, comenzaba a ser algo muy importante para ella.

-Gracias.

El dúo se había sentado frente a frente en una mesa para dos personas, mientras disfrutaban de un rico pavo, y unos fideos, junto a otros platos que Hermione jamás había escuchado en toda su existencia. La conversación que ambos compartían era muy fluida y no estuvo ausente en el sentido de las risas y sonrisas que guardaban sentimientos ocultos. Una velada encantadora, hasta que Hermione pudo recuperar la noción del tiempo.

-Oh por Dios… mira qué hora es.- decía Hermione preocupada al ver que ya estaba oscuro, y pensar que en Hogwarts podrían expulsarlos.

-No te preocupes, lancé un hechizo para que detuviese el tiempo. Es como si todo lo que hemos vivido hasta ahora, haya sido un sueño.- la tranquilizó Draco.

-Oh… bueno… supongo que está bien.- decía Hermione, no muy conforme. -¿Dormiremos aquí?

-Si… dormiremos juntos para conservar el calor. Puede que en las mañanas aparezca caluroso pero en las noches, la temperatura baja de una forma considerable.

-Pero… no tengo pijama… y no pienso dormir desnuda a un palmo de ti.- decía ella, indignada.

-No dormirás desnuda, hay una bata que trajo el mozo hace un rato.

-Oh…- exclamó Hermione, muy apenada por mal interpretar cada palabra que Draco hablaba.

-A no ser que quieras que te vea desnuda.- susurró Draco mientras le sonreía pícaramente a Hermione.
La sangre de Hermione parecía hervir, estaba muy sonrojada que parecía que iba a estallar. Realmente nunca se había visto así en la vida. -¡Cómo crees, degenerado!- gritó Hermione, al borde de colapsar.

-Bien…- Draco había reído con ganas y con un plato de bocadillos salió fuera de la habitación para dejar que Hermione se cambiase de ropa.

¿Estaría loca? ¿Acaso recién estaba conociendo un lado de Draco que nunca había visto con anterioridad? Lo que sea que haya pasado con él, a Hermione le traía curiosidad, y a  pesar que hayan pasado un acogedor momento juntos, sentía que había una barrera entre ellos que les hacía difícil relacionarse con más facilidad. Algo andaba mal, pero no sabría describir con perfección de qué se trataba.

Hermione se quitó la ropa pensativa y con una sensación rara en su boca. Pensó en Draco la mayoría del tiempo, y luego recordó a Harry. A esa altura de la noche haberlo recordado le hizo pensar. ¿Realmente estaba enamorada de Harry? O en primer lugar, ¿Por qué se había enamorado de él? Las respuestas a tales incógnitas se vieron interrumpidas por Draco, quien entró al cuarto en pantaloncillos, y sin camisa, lo que dejaba al descubierto sus bien formados músculos.

-Pensé que ya habías terminado, por eso entré.- contestó Draco sin que Hermione haya hecho pregunta alguna.

-Está bien, no te preocupes.- le respondió Hermione con una débil sonrisa, y entonces ambos ordenaron la cama donde dormirían para acostarse.

La pareja se acostó sin mirarse a la cara, era como si Draco supiera lo que Hermione estaba pensando, y lo confundida que se encontraba con la cita. Hermione se dio vuelta, mirando hacia la ventana, y dándole la espalda a Draco, quien miraba derechamente el techo.

Cuando ya estaba apunto de dormir, Draco la abrazó por atrás y le dio un beso en la mejilla a Hermione, lo que provocó que Hermione se asustara, pero al mismo tiempo emocionara. Draco estaba pegado, literalmente, a ella, y para hacerla dormir, le dijo algo que Hermione recordaba hasta estos días.

-Lamento si te hice daño los años anteriores con mis estupideces. No sabía lo que hacía.

Parecía algo simple, pero para Draco Malfoy, eso era todo un logro, pues Hermione se sorprendía cada vez más de lo sentimental que éste se había puesto, y cómo esto influía en ella.

Pasó un rato más y Hermione se quedó dormida, con una sonrisa confortante en su rostro, mientras que Draco… él solo pensaba si era lo suficientemente fuerte como para ir a una cita falsa, con alguien por la que sentía sentimientos verdaderos. En verdad le hacía pensar…

domingo, 29 de abril de 2012

Eneamor cap. 1 {Amortentia}


El apuesto chico rubio caminaba a la velocidad de un caracol cuando se dirigía a su salón correspondiente del último grado. Debía tratar de no perder los estribos y ser más paciente, este año al fin se libraría de ese manicomio. No le prestaba mayor atención a las cosas que pasaban a su alrededor, sobre todo porque sabía que gran parte de los alumnos de esa escuela eran sangre sucia, algo que Draco detestaba y se negaba a aceptar.

Sus “amigos” no se habían dignado a saludarle, tal y como había sido el año pasado. Ellos dejaron de juntarse con Draco tan solo porque su familia estaba en bancarrota; otra razón para salir con buenos resultados este año.

Pero entonces ahí estaba, era un mar de gente para entrar a los salones, y él intentaba pasar sea como sea, empujando a los más chicos simplemente por enojo. Pero no le duró mucho ese juego, porque entonces había tropezado con alguien, y Draco, cuando estuvo apunto de gritarle de una forma feroz, su voz se encontraba perdida ante esa minúscula belleza.

-Típico Draco, sin que hubiese pasado un minuto siquiera de vernos, ya me estás haciendo la vida imposible.- reclamó ella, molesta. Inmediatamente ella se levantó pero recogió primero los libros antes que a Draco.

Él no podía dejar de mirarla, ¿quién podría ser? ¿Acaso era nueva? No lo sabía pero simplemente estaba hipnotizado ante tal belleza.

-Disculpa, ¿te conozco?- preguntó él desconcertado, hablando en cierto modo de una forma arrogante.

-¿No es obvio? Granger… Hermione, ¿Hermione Granger? Hay por favor hemos peleado desde que nos conocemos, no me vengas ahora con el cuento que no te acuerdas de mí luego de todos los insultos que me haz dicho.- contestó Hermione, de muy mal humor.

Draco le miró sorprendido, ¿en verdad era esa la chica molesta con la que siempre peleaba? Pero… ¿en dónde estaban sus heridas, sus ropas sucias, sus dientes de conejo y su pelo todo quemado? Claramente no era la misma chica que conoció, no, ahora estaba mucho más linda que antes.

Pero… ¿qué demonios estaba pasando? ¿Acababa de olvidar su orgullo contra Granger? La primera y última vez que le dijo un cumplido a una mujer o había intentado seducirla, fue con Astoria, y ya habían pasado 3 años más o menos de eso. Al parecer… el mundo estaba al revés

En cuánto Draco se dio cuenta de la atmosfera real que se respiraba en el ambiente, comprendió que Hermione ya se había ido hace bastante rato y que no había nadie por los pasillos. Miró desolado a su alrededor, y caminó holgazán hasta el salón de pociones, la primera maldita clase del año.

Llegó al salón, y lo primero que vio, fue a aquella muchacha rubia, de cabellos ondulados perfectos, con ojos concentrados al profesor; y junto a ella… los insufribles de Potter y Weasley, dijo Malfoy dentro de su mente. Y pensar… que esa chica siempre fue la insoportable sabelotodo… ahora era la más hermosa del salón… ¿pero qué demonios…?

-Draco…- susurró Pansy, sacando bruscamente a Draco de sus pensamientos. -¿No te parece que la clase estará mucho más divertida ahora?- hablaba ella, entre risas.

-Seguro que si.- contestó él, con una sonrisa falsa.

Los segundos pasaban y el profesor hablaba y hablaba, entonces recordó aquella ocasión, del año pasado, cuando Slughorn estaba encargado de esa asignatura…

Flashback

Draco habitualmente era el primero en salir de clases, pero ese mismo día lo hizo cambiar un poco. Slughorn le había pedido que lo esperara después de clases, ya que había algo que quería hablar con él. Normalmente, Draco hubiese burlado sus órdenes e ido inmediatamente, pero ya no quería más problemas, así que decidió escuchar al viejo.

-¿Y qué me dices, Draco? ¿Entendiste la clase? ¿O más bien… te ha gustado?- preguntó el anciano, de una sonrisa de oreja a oreja.

-Me da igual… ¿Eso era lo que tenía que decirme?- preguntó Draco, bastante fastidiado con la situación.

-Algo así… ¿ya sabes cuáles son los olores de tu amortentia?

-No… ni tampoco me interesa esos temas del amor. Son solo patrañas.- contestó él, caminando hasta la puerta.

-Granger se ve una buena opción… ¿no crees?

¿Granger? ¿Por qué le estaba insinuando a Granger? ¿Qué tenía ella de especial como para fijarse en esa… sangre sucia? Obviamente el viejo ya estaba chiflado por la edad…

Draco volteó a verlo, sin darle crédito a ni una de sus palabras, apunto de estallar entre carcajadas. -¿Usted no cree que yo pueda sentir algo por esa chica, verdad?- preguntó él, sin creerlo.

-Quizá no ahora, pero si más adelanta; estoy seguro de eso.- confirmó él, seriamente.

-No son más que tonterías. El amor no funciona en mí.

-Ten Draco.- Slughorn tomó un pequeño frasco con un liquido blanco, casi gaseoso. Se lo depositó a Draco en las manos y dejó que lo oliera un poco. Al cabo de unos segundos se lo retiró y le miró atento. -¿Qué pudiste detectar en la poción?

-Bueno yo…- suspiró -¿Profesor, por qué intenta hacer cambiar mi opinión?- preguntó Draco, incomodo.

-Porque sé lo oscuro que puede llegar a ser tu mundo. Todos te ven como el chico malo de la escuela.

-No los culpo, yo soy así.- aceptó Draco pacíficamente.

-Pero yo sé que el mundo que ves, según ti, está en blanco y negro. Solo quiero hacerte creer en algo que sea más fuerte que cualquier otra cosa, y que tu alma y corazón vuelvan a nacer después de la tormenta.

Draco le miró confundido y extrañado a la vez. -¿Si le digo qué fue lo que olí, me dejaría en paz?

-Si, eso creo.

-Bien…- por un momento, Draco dudó en decir la verdad, pero como sabía que era un viejo que sabía muy bien las magias al revés y al derecho, decidió por primera vez en la vida ser sincero. –Pude detectar… un olor a vainilla, tierra mojada por la lluvia de primavera y… creo que algo de menta, mezclada con mantequilla.

-Interesante Draco… muy interesante…- dijo Slughorn, bastante impresionado de la respuesta.

-Bueno… ¿puedo irme?

-Claro… solo ven conmigo en tanto te des cuenta del amor que sientes por aquella persona.- se despidió, guiñándole el ojo.

-Seguro que… no.- contestó él y se cuestionó al haberse quedado con el viejo loco ese. Sin embargo… desde ese día, se hizo mucho más sensible con respecto a los temas de amor.

Fin Flashback

En cuánto Draco volvió a la realidad, se dio cuenta que todos se estaban yendo del salón, y que él era el único estúpido que estaba en la luna, sin poder prestarle atención al profesor. Pero… ¿quién lo haría? En cinco segundos toda su perspectiva se había esfumado con respecto a Hermione Granger. Por supuesto que seguía pensando que era una impura, pero una hermosa impura, pensaba Draco mientras babeaba al recordar esa mirada penetrante sobre la suya.

Draco caminaba vagamente por los pasillos de Hogwarts hasta que escuchó a Astoria hablar con una de sus amigas de Slytherin, quienes hablaban sobre un supuesto romance entre el cuatro ojos y la impura. ¿Qué estaría pasando? Digo… Draco sabía que entre esos dos había un fuerte lazo que los unía, pero… ¿amor? Eso debía verlo con sus propios ojos.

Al término del período de clases de hoy, Draco Malfoy se encaminó y apresuró en encontrarse con Granger a la salida del salón. Ella saldría en busca de Ginny para salir y hacer sus cosas de chicas, pero quizá eso tardaría por unos momentos… En cuánto la vio salir apresurada del salón, la siguió hasta las afueras del castillo, lugar que estaba desierto y era perfecto para tener una conversación con una chica que era casi nueva para él.

-¡Granger…!- gritó él, detrás de Hermione.

Ésta volteó casi en cámara lenta para Draco. Dios… ¿desde cuándo era tan hermosa? Se preguntaba Draco; su orgullo se hacía añicos. Draco caminó con una sonrisa burlona, forzada, ante Hermione y le encaró con simples palabras.

-¿Así que los rumores son ciertos? ¿La dientes de madera es novia del “héroe” de los leones?- preguntó él, haciendo burla y énfasis en la pregunta.

-¿Y eso a ti por qué te incumbe Draco? Que yo sepa… es Harry tu mayor enemigo, yo solo soy la que completa el plato…- dijo ella, sin remordimiento y siguiendo adelante.

-Ni lo creas Granger… la verdad, si he estado bastante interesado por ti.

-Oh… ¿así que ahora resulta que el hurón esta enamorado de mí? Gran cosa…- dijo en tono de ironía, caminando aún más lejos de Draco, dejándolo sin palabras.

-¡¿Cómo te atreves decir semejante cosa?!- gritó Draco, indignado, pero en el fondo muy avergonzado.

-Mira Draco, he tenido un día muy pesado, ¿si? Lo que menos quiero ahora es golpearte, así que por favor déjame tranquila.- le obligó y entonces empujó, al fin pudiendo escapar de Draco.

Él se quedó bastante desconcertado luego de su encuentro con Hermione, tanto que ni siquiera pudo dormir lo habitual. Estaba tan distraído, pero sabía que debía dejar de lado esa obsesión y seguir como si nada; no era más que una pérdida de tiempo pensar en Hermione.

Y entonces la vida seguía y sus pensamientos casi pudieron persuadir el recuerdo de aquella muchacha más radiante que el rayo de sol de una mañana de verano, pero entonces… la fantasía se hacía realidad… no de la mejor forma. El receso había terminado, y antes de ir al salón, Draco quiso ir a su cuarto en busca de un libro que se le había quedado sobre la cama. Cuanto cruzaba la puerta del baño de niñas, un sollozo escuchó entre el silencio, y no dudó en entrar porque de alguna forma, esto le era muy familiar.

-¿Granger? ¿Qué demonios…?

-¡Draco…!- gritó esa voz y entonces se lanzó entre sus brazos, a llorar en su formidable pecho.

¿Qué estaba pasando? Él no era la clase de chico bueno para consolar, o para decir cosas dulces, sin embargo, sentía la necesidad de serlo ahora junto a Hermione. Él siempre fue cruel con ella, pero al verla en ese estado de colapso sentimental, no podía dejarla sola; pero tampoco podía mostrarse cariñoso o tierno con ella. ¿Qué debía hacer? Bueno… ya estaba haciendo algo… la contenía en su pecho, e involuntariamente sus brazos la abrazaban de una forma en que le trasmitía calor al frío cuerpo de Hermione.
Hermione empujó suavemente a Draco lejos de ella, y no pudo ser capaz de levantar la mirada, incluso queriendo huir, Draco, de una fuerza sobrenatural, la detuvo de las muñecas y no la dejó ir.

-Lamento que me hayas visto así, prometo que jamás se repetirá y que no se lo diré a nadie.- le juró Hermione entre sollozos sin dejar que Draco viera alguna de sus lágrimas.

-¿Quién es el causante de estas lágrimas?- preguntó él, sin darle importancia a las palabras de Hermione.

-Nadie, yo…

-Granger, por favor… por primera vez en la vida intento ser bueno.

-Es que yo…- un silenció se había apoderado de la atmosfera, y sin embargo, Draco no parecía tener la intención de parar esa situación, por la que Hermione se obligó a hacerlo. -¿Recuerdas la pregunta que me hiciste ayer acerca del rumor de un romance entre Harry y yo?

-Si.- respondió disgustado.

-Harry me gusta… pero él… él ama a Ginny… y yo no soy nadie para interferir en ese amor.

Así que Draco era el causante de sus lágrimas… repetía Draco dentro de su mente. ¿Cómo se atrevió a tal brutalidad? No tenía ni un derecho de hacer eso, nadie podía hacerla llorar más que él, y de una u otra forma haría pagar ese castigo.

-Pero ya no importa… Ginny es brillante y hermosa… yo solo soy una sangre sucia, fea y… nadie en comparación a ella.- decía Hermione, desamparada.

-Tú eres perfecta frente a mis ojos.- le declaró Draco, dejando sorprendidos a Hermione y a él mismo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

//Eneamor// Sinopsis {Una Historia de Amor entre Draco y Hermione}

"Nunca he querido a esa Sangre sucia frente de mis ojos, la odio. Odio que abra la boca y se crea una sabelotodo, odio su forma de hablar, odio su forma de caminar, odio su amor por la vida, odio a sus torpes amigos, odio su forma de ser, odio que su aroma se quede impregnado en mi cabeza, pero principalmente, odio estar tan ciegamente enamorado de ella. ¿Qué me ha hecho esa sangre sucia? ¿Me habrá hechizado o qué? Porque simplemente ya no hallo la forma de quitármela de cabeza y querer estar siempre a su lado, seguirla a donde vaya sin importarme que mi fin se encuentre cerca. Pero... ¿cómo es esto posible? Si la odio tanto entonces, ¿por qué la amo? Esa es la gran pregunta que me cuesta resolver. Odio tratarla de esa forma, pero es tan solo un impulso, y en cuanto veo esos ojos café heridos me doy cuenta que soy un completo imbécil. Somos como el agua y el aceite, pero no me arriesgaría a intentarlo, dar mi corazón abierto para luego ser pisoteado. No, yo prefiero morir con un orgullo elevado que vivir con un orgullo destruido. Aunque... si se diese la ocasión en que ambos estemos solos, no sé cómo reaccionaría, en verdad no lo sé... odio que tan solo ella quien me tenga amarrado hacia una esperanza sin ni un sentido..."
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