jueves, 26 de enero de 2012

//Cuando Dos Mundos Chocan// 1º Episodio {Bendito Chicago}

Ya era de tarde, del día 31 de octubre, y Joseph Jonas seguía con la misma rutina de siempre. Él amaba su trabajo, en realidad, no sabía si lo amara, pero era la única cosa que él podría decir que era bueno. Todo lo que se relacionara a asuntos de dinero, desafíos mentales, y negocios; Joseph Jonas, amaba ser parte de ello.

En su empresa, todos los empleados padecían de muchas diferencias, por ejemplo: las mujeres eran jóvenes, no sobrepasaban los 40 años de edad en el trabajo; contrario a esto, los hombres tenían más de 35 años para trabajar allí. Justo o no, Joseph no cambiaría esas “reglas” en su propia empresa.

Entonces, finales de octubre, Joseph se encontraba en su inmensa oficina, estilo romántico; acompañado con lo que parecía ser su secretaria, sexy secretaria. Esos dos pasaban mucho tiempo juntos, tanto, que el propio cuerpo de trabajadores pensaba que había un pequeño romance entre ellos dos. Sin embargo, Joseph nunca se había involucrado sentimentalmente con alguna de sus empleadas, al contrario, mantenía una clara relación asimétrica entre jefe y empleado. Pero bueno… aún eran rumores.

Joseph levantó la mirada para ver a su secretaria, y la contempló por un momento; ésta al darse cuenta de eso, lo miró siniestramente con una sonrisa sensual sobre su rostro. Dejó su pequeña libreta de apuntes de lado, y se sentó sobre el inmenso mesón de madera de roble de Joseph, y comenzó a hablarle, en un tono muy seductor.

-Vamos Joe… no finjas como si yo no te importo, ambos sabemos la verdad de todo.- dijo ella, en un todo divertido pero muy seductor.

-Allisyn, olvídalo, lo nuestro fue un breve romance de adolescentes. En su momento, me gustaste mucho, pero ya no, eso cambia, la vida cambia. Yo sinceramente no siento nada por ti, no por ni una sola mujer. Soy felizmente un soltero codiciado.- dijo él, muy orgulloso.

Allisyn, la alta y hermosa secretaria rubia de Joseph, poseedora de unos hermosos y exóticos ojos azules; se levantó furiosa del escritorio, sintiéndose muy humillada por su propio jefe. Era cierto, quizá Joseph y ella no terminaron de la mejor forma, y ella sabía perfectamente que su quiebre no fue por culpa de Joseph, pero ahora podía decir con toda honestidad, que fue una estúpida al dejar ir a un hombre tan codiciado como lo era Joseph. Dios… si tan solo hubiese sabido que 16 años después Joseph sería un estupendo hombre, de un cuerpo esculpido por los mismos ángeles, millonario y exitoso empresario, ¡nunca en su vida lo hubiese dejado ir! Ahora… a él ya no le importaba si la tenía desnuda a sus pies, no, él no caía dos veces bajo la misma trampa.

-Allysin, por favor hazme el favor de tomarte libre mañana, y si quieres toda la semana,  o si quieres dejas de trabajar y te pagó el precio que pudieses ganar tres meses juntos.- dijo Joseph en una suplica.

-Tomo lo de renunciar, porque no te puedo ver sin mí a mi lado.- dijo ella muy triste.

-Por favor, estarás bien… y lo sabes, así que por favor vete y deja de hacer drama.- dijo él, prestándole atención a los documentos que antes leía.

Allysin se retiró de la lujosa oficina de Joseph, soltando un grito amargo, sin que le haya importado a Joseph, en realidad, esa mujer era lo que menos le importaba en el mundo, aunque ella supuestamente lo amase, y que sabía perfectamente que no era cierto, más bien amaba el hecho de que fuera un multimillonario. Sin embargo, ya nada parecía importarle en su vida, era aburrida, pese al hecho que estuviese trabajando en algo que a él le gustase, se sentía vacío al no tener a nadie a quien amar.

Pero, ¿de qué demonios hablaba? ¡Era Joseph Jonas! No necesitaba de una mujer a quien amar toda una vida, necesitaba de una mujer que satisficiese sus necesidades masculinas en una noche. Si, sus ánimos se elevaron ante aquella idea y decidió llamar a hermana, Hope Jonas, para ir a un bar e ir a bailar un poco. Era algo raro salir con su hermana, pero él no hablaba mucho con mujeres, a no ser que sea de asuntos laborales o que estuviese ebrio. Salió inmediatamente de su trabajo y se dirigió hasta la recepción, que hay estaba la secretaria general de la empresa. La única mujer empleada, que tenía muchos más de 35 años. Le guardaba mucho afecto a aquella anciana, y todo es porque fue una gran niñera que llegó a querer como una madre.

-Barbara, saldré con Hope. Vuelvo de vuelta de los festivos, ¿está bien?

-Si Joseph, no te preocupes.- contestó aquella anciana muy dulcemente. –Mándale saludos a Hope, y dile que espero con ansias que algún día me venga a ver.

-Está bien Barbara, intenta no salir muy tarde, no quiero que te pase nada si sales muy de noche.

-No te preocupes, pequeño Joe, estaré bien, sino, no hubiese vivido 63 años ya.- rieron ambos, con gusto.

Joseph se dirigió naturalmente a su estacionamiento privado, a ir a conducir su auto Nissan Qashqai, casi nuevo, recién comprado hace un año. Condujo hasta el departamento de su hermana menor Hope, y lo estacionó dentro del estacionamiento y bajó de su lujoso auto, color negro. Subió al departamento de su hermana, y sacó la llave que ella misma le había dado para que entrase cuantas veces quisiese. Ambos eran muy unidos, a pesar de ser tan distintos.

-¡Hope, ya llegué!- gritó Joseph, desde el living.

-¡Ok, espera un momento, me estoy arreglando!- gritó ella, desde su habitación.

-Oh, ¡por favor! Siempre te demoras más de una hora en arreglarte y yo quiero ir al pub ya mismo.- dijo Joseph, fastidiado. –Además, eres linda, no necesitas ponerte tanto maquillaje para estar conmigo.

-Ah si… eh…- sonidos raros salieron de la voz de Hope, sonidos que no le gustaban para nada a Joseph. –Sobre eso…- decía saliendo de su habitación. –Invité a mi novio.- dijo Hope, con una sonrisa nerviosa sobre su rostro, en un tono muy ingenuo.

-¡¿Cómo que novio?!- gritó él, enojado.

-¡Mi novio! Hoy te presentaré, y ahí si quieres lo rechazas o no, pero quiero que lo conozcas antes de juzgarlo. Por favor Joseph, hazlo por mí.- rogó Hope, en un tono suplicante.

Después de un rato de pensarlo, Joseph rodó los ojos y suspiró. –Bien… pero si llego a descubrir algo malo de él, olvídate que los dejo estar juntos tranquilamente.

-Bien, vámonos gruñón.- decía ella, tomando las llaves del departamento que estaban sobre la mesita de té, y con éste, Joseph siguiendo el paso de su pequeña hermana.

Joe conducía con mucha paciencia mientras conducía por las bellas y cuidadas calles de Chicago. Mucha gente decía que esa ciudad era aburrida, claramente no sabían lo que decían, porque para Joseph Jonas era todo un paraíso. Joseph tan metido dentro de sus pensamientos, pensamientos de asuntos laborales, se da cuenta que Hope lo había estado observando desde hacía bastante rato ya.

-Eh…- articula Joseph con su boca, mirando extraño a Hope. -¿Acaso tengo monos en la cara o qué?- preguntó él, con humor.

-No es eso… es solo que, eres bastante guapo Joe.- dijo Hope con una sonrisa deslumbrante sobre su rostro, sin embargo, Joseph no se sentía a gusto con la conversación que tenía con su hermana.

-Gracias Hope, también eres muy guapa pero… mira, yo no creo que la familia entre sí deba involucrarse… no sé si me entiendas.-dijo Joseph bastante disgustado.

-¡Joe! ¡Ni muerta saldría con mi propio hermano! Dije que eres bastante guapo, pero… no te dejas lucir. De hecho, guardas tu… esencia masculina bien en el fondo.

-Hope.- mira a Hope, seriamente. –No soy homosexual, y te lo he dicho cientos de veces.

-No hablo de eso, mira…- Hope miró desesperadamente a ambos lados de la calle, y como estaban cerca del pub, quitó la llave del auto, sin aviso alguno.
 Joseph la miró extrañado pero antes de que pudiese decir algo, Hope le agarró del abrigo y se lo quitó bruscamente, también le abrió algunos botones de su camisa, y las mangas las subió hasta los codos. Finalmente, Hope revoloteó la cabellera rebelde de Joseph, transformándolo en un hombre mucho más sexy de lo que ya era antes del cambio de Hope le había hecho.

-¡Hope!  Ahora me veo como un chiquillo rebelde.- exclamó Joseph, desconcertado, viendo su reflejo en el pequeño espejo que estaba sobre el volante del auto.

-Corrección, te ves como un chiquillo interesante y sexy para las mujeres. Además, vamos a un pub, no a un museo.- dijo ella divertida, saliéndose del auto de su hermano.

-Bien, pero ponte la chaqueta para tapar tus…- Joseph intentaba buscar la palabra para referirse dulcemente al busto de Hope, ya que el escote era muy pronunciado, y como hermano, no le gustó ver eso en su hermana.

-Ni lo pienses, tengo calor. Y ya basta de hablar hasta que entremos al pub.- decía Hope, divertida, adelantando el paso hacia el pub.

Entraron y lo primero que vieron fue el escenario, donde había dos chicos, un hombre y una mujer. Mientras Hope buscaba un lugar donde sentarse con su hermano, Joseph miraba curioso a la chica que cantaba. Sabía perfectamente donde la había visto, pero según lo que él sabía, ella se había mudado a Méjico, pero… estaba aquí… ¿sería una oportunidad que Dios le daba para luchar por ella? No sabía bien lo que pasaba. Entonces Joseph salió de su burbuja y se dirigió hasta donde se encontraba su hermana, quien le sonreía cómplice.

-Lamento decirte hermanito que… aquella chica que está cantando, tiene novio, de hecho, el novio es quien toca el teclado al lado de ella.

Joseph inmediatamente volteó a ver al chico que tocaba el teclado. Lamentó que aquella chica tuviera tan mal gusto como para fijarse en un rockero, muerto de hambre y que más encima con ese pelo largo podría fácilmente ocupar el champo de ella. Se emputeció frente a su hermana, quien se dio cuenta al notar como enterraba el tenedor en la mesa de vidrio.

-Joseph Jonas, para, la mesa es de vidrio. Puede explotar.- dijo Hope, calmadamente quien le arrebataba el tenedor.

-Lo siento…- dijo avergonzado.

Entonces, cuando el ambiente era tan cómodo y relajante, un joven de cabellera rizada y de unos profundos ojos negros, llega hasta la mesa donde estaban sentados los hermanos Jonas, sin invitación, incomodándolos a ambos.

-¿Quién eres tú?- preguntó Hope, irritada.

-¿Vieron a mi hermana, quien estaba cantando casi recién?- preguntó él con una sonrisa sobre su rostro, disfrutando la irritación de esa chica rubia, de ojos azules.

-Si, ¿y?- volvió a preguntar, irritada.

-Eh… bueno, ella los invitó a su mesa.- voltea a ver a Joseph, quien lo miraba indagador. –Creo que mi hermana te conoce a ti.

-¿Se acuerda de mí?- preguntó él, en un tono de susurro para él mismo, pero que Hope y aquel chico que recién había llegado lograron escuchar.

-Eh… mala suerte amigo, ella tiene novio.

-Ya se lo dije, pero eso no le impedirá seguir enamorado de ella.

-¡¿Qué?!- preguntó él exaltado y muy nervioso por decirlo menos. –Yo no estoy enamorado de ella…

-Si claro…- dijeron los dos, sin estar convencidos.
-¡Es enserio! Pero ustedes dos… que tanto dicen lo mismo al mismo tiempo, podrían terminar enamorados.- dijo Joseph, con una cara de asco.

Inmediatamente Joseph se levantó y se dirigió hasta le mesa de aquella jovencita morena y de una cabellera rebelde color negra. En el momento que Hope se levantó de la mesa, miró fijamente al joven que conoció hace pocos minutos y se rió en su cara. El chico sin lograr entender lo que sucedía, mira confundido a Hope y le pregunta…

-¿Qué es lo gracioso?

-Gracioso es pensar que mi hermano haya pensado que tú y yo podríamos terminar enamorados.- contesta ella, muerta de la risa.

-¿Y qué? ¿Acaso no lo crees posible?

-La verdad, no. Aparte yo ya estoy enamorada, de mi novio.- contestó ella sin despegar la sonrisa de su rostro. –De hecho, justamente hoy me iba a juntar con él.

-¿Ibas? ¿Acaso no vino? ¿Acaso tu enamorado tenía algo más importante que la persona que supuestamente ama?- hay los papeles cambiaron. Era él quien ahora sonreía y no Hope, ella se quedó pensativa mientras que el joven disfrutaba de eso.

-Mira quizá tuvo un problema y no es de tu incumbencia. Solo ten algo claro.- dijo Hope seria, acercándose nariz con nariz hasta ese joven. Lo miró directamente a los ojos y dijo sin piedad. –Esta será la última vez que nos veremos, así que sería imposible pensar siquiera que podríamos terminar enamorados.

-Quizá sea un enamoramiento espontaneo, ¿no crees en eso?

Hope no le dijo nada más y se dirigió hasta la mesa donde se había dirigido Joseph con la feliz pareja. Hope sonrió tímida ante la pareja y se sentó a un lado de Joseph, mientras que el otro chico se sentaba al lado de su hermana, quedando frente a frente, en una postura muy incomoda.

-Me llamo Hope Jonas, ¿cómo se llaman ustedes?- preguntó Hope, amigablemente sonriendo todo el tiempo.

-Me llamo William Bekket.- contestó el tecladista, novio de la chica que su hermano estaba enamorado.

-Yo me llamo Devonne Lovato, y él es mi hermano Jerry. Discúlpenlo si dijo alguna pelotudez, es un chiquillo simplemente.- dijo aquella chica morena, con una sonrisa tímida. Hope se dio cuenta de cómo Joseph no dejaba de mirarla. Eso no le gustaba para nada a Hope.

-¿Y cómo se conocieron?- preguntó la hermana de Joseph.

-Nos conocimos en la secundaria, íbamos juntos en el mismo salón y sin embargo no recuerdo por qué no hablábamos.

-Yo si.- contestó Joseph, interrumpiendo a Devonne. –Tu grupo de amigos me molestaban y yo en vez de enfadarme y encarar a ellos, lo hice con Devonne…

-Oh… si me acuerdo.- dijo ella, algo incomoda. –Esa noche lloré toda la noche… fuiste algo duro conmigo, pero gracias a ello, pude cambiar aspectos de mí que no me gustaban.

“¡Así que Devonne no me había olvidado!” Gritaba Joseph felizmente dentro de su mente, solo que no le agradaba que haya sido de esa forma. Se sentía horrible al haber herido a su amada secreta…”

miércoles, 25 de enero de 2012

Permanent December (2º Temporada) cap. 11

Miley aún no racionalizaba, y por eso había decidido seguir leyendo el libro. Leía con gran atención, y al estar cerca de una playa, la ayudaba a concentrarse pacíficamente de lo que leía. Todo eso parecía una leyenda, era increíble lo que sus orígenes eran, o la historia de ésta. Dejó el libro de lado, y se levanto de la fría arena. Comenzó a caminar hasta la orilla, teniendo el libro entre dedos, pensando sobre lo que acababa de leer.

Miley POV:

“¿Cómo era posible esto? ¿Cómo era posible que Marie y yo fuésemos hermanastras? ¿Acaso era esto lo que me ocultaba? Tantas preguntas y ni siquiera está Marie para que me las aclare. Por otro lado… Louis nació muerto, pero al mismo tiempo nació vivo… ¿qué diablos es esto? No entendía. Había magia negra detrás de todo esto, eso era lo único que sabía con seguridad, pero aún así, era mucho… supongo que me tendría que adaptar a la idea de que mi vida y todo lo que la rodeaba era… fuera de lo común…”

Entonces los minutos pasaban y Miley se había dado cuenta de que si descubría la forma de matar a Louis, descubriría la verdad de Marie. Así que seguiría buscando la forma de llegar a Louis, pero… ¿cómo? Ya no tenía poderes, había perdido la única forma de volver a tener a Nick entre sus brazos por un libro que aunque la haya ayudado en algo, no daría éxito con el paradero de Nick. Miley volvía a caer en depresión a causa de aquello.

Volvió a sentarse en la playa y al notar la presencia de lluvia, se cubrió con el gorro de su sudadera y se traslado hasta debajo de una gigantesca roca a unos metros lejos de la orilla. Lo ventajoso de aquel lugar, era que aún era un lugar natural sin que la mano del hombre haya interferido con el paisaje. La poca gente que vivía entre Rosmoclupo y Ferliantropolis, eran granjeros, y muchos de ellos exiliados, quienes optaron por salirse del territorio de ambos reinos, que solamente eran lugares de guerras.

Miley despertó molesta al encontrarse con un ligero rayo de sol que justamente iluminaba sus ojos. Se sentó y maldijo el día, luego se dio cuenta que era de día y debía seguir con la búsqueda. Pero… ¿cómo lo haría? Se sentía desprotegida, como si fuese un bebé perdido buscando a su madre.

Caminó un rato, naufraga, por el sendero del bosque, escuchando solo los sonidos de la naturaleza. Entonces, aquellos sonidos fueron muchos más fuertes, pero no eran con esa alegría pegajosa de antes, al contrario, los pájaros volaban espantados, las ardillas se escondían en sus hogares, y los topos, debajo del suelo. De repente la atmosfera fue mucho más pesada, pero… ¿qué había pasado? Miley no lo entendía, se mantenía con el gorro puesto en su cabeza y con sus manos escondidas en los bolsillos. Quizá se arrepentiría después, pero decidió salir a investigar qué había sucedido.

Miley caminó cautelosa y silenciosamente hasta que llegó a una clase de ruinas, que estaba frente a frente a un lago de agua cristalina, que mucho más allá se veía una pequeña clase de cascada. Se escondió entre dos árboles y vio a dos hombres, vestidos de trapos simples y humildes. Colgó su mano entre una de las hojas y escuchó con atención a lo que los dos hombres hablaban.

-¿Estás seguro de que esto es lo que pidió Louis?- preguntó el hombre gordo, anonadado por supuesta petición que le había hecho Louis.

-Marcus, he estado en el mismo salón que él durante una semana, creo que es obvio que la respuesta es un sí.- dijo el hombre delgado, que Miley no pudo ver nada más que la silueta de éste. Ya que tenía tapado todo su cuerpo, sin embargo, esa voz ya la había escuchado antes…

-Bien, pero me tendrán que pagar el doble después de esto.

-No te preocupes campesino, tu recompensa será inmensa.- dijo el hombre delgado, en un tono satisfactorio.

-Bien, nos vemos.- dijo el otro campesino, retirándose de aquel lugar.

Miley se quedó viendo a aquel gordo campesino alejarse por completo, y por estar tan preocupada de él, perdió el equilibrio y cayó del árbol dónde justamente en ese momento no se afirmó, cayendo a unos pocos metros del otro campesino delgado. Miley se halló en el gran dilema de encontrarse desamparada frente a aquel hombre misterioso que no dejaba ver su rostro.

No sabía que diablos hacer, pasó bastante rato y nada parecía moverse, fue como si el tiempo se hubiese detenido en aquel momento que Miley cayó. De la nada, y sin aviso alguno, aquel hombre comienza a correr lejos de ella. Miley no lo dudó más y salió persiguiéndolo. De una vitalidad brutal que no sabía de dónde había salido, Miley ganó velocidad y alcanzó a lanzarse encima de éste hombre, lo volteó y se quedó sorprendida al darse cuenta de quien se trataba. Se apartó de inmediato de él, sin dejar de mirarlo paralizada.

-Eres el gran ladrón de Rosmoclupo, eres Edward Pattinson.- dijo Miley, anonadada

-Si y tú eres la heredera al trono de Ferliantropolis, gran cosa…- dijo él en un tono de sarcasmo, molesto.

-¿Qué es lo que ha pedido Louis?- preguntó Miley, seria. Ambos parándose del suelo.

-No es de tu incumbencia.

En ese momento, Miley estalló de la rabia, y sacó una navaja que estaba dentro de su brasier. La abrió y tomó fuertemente el “miembro” de Edward, rozándolo con la navaja. Edward sudaba en frío, cualquier movimiento y podría terminar en tragedia. Miró fijamente a Miley y simplemente la escuchó atento.

-Escúchame bien desgraciado, bueno para nada… si no me dices qué diablos fue lo que Louis pidió, tú y tu amiguito tendrán una muerte segura. Y no me subestimes, que sea mujer no significa que no sepa luchar.- dijo Miley, en un tono muy rudo nunca antes visto, que hasta ella se sorprendía a sí misma.

-¡Bien, bien! Pero por favor no me hagas daño.- rogó Edward, agitado. –Louis ha pedido el hijo de la Reina Demetria.

-El hijo de Demi…- susurró anonadada, sin poder creerlo. Dejó escapar a Edward, y éste salió corriendo, pero en cuanto volteó a ver nuevamente a Miley, se arrepiente, volvió a caminar lentamente a ella, y comenzó a hablar naturalmente con ella.

-Oye, da gracias que pidió al hijo de ella, y no a ti, que eres la verdadera enemiga de él.- dijo en forma de consuelo.

-No lo entiendes, él es mi sobrino… o sobrina, no sé aún el sexo del bebé.-  contestó ella.

-Qué lastima…-

-¿Cuánto te está pagando Louis con esto?- preguntó Miley, seriamente y muy atenta.

-¿De qué hablas? Sabes perfectamente que hay que obedecer a Louis sin recibir nada a cambio.

-Ven conmigo, necesitamos ir al lugar donde se esconde.

-Sé perfectamente donde queda.- sonríe astutamente, mirando a su derecha, pensando en alguna idea macabra que se llevaría a cabo.

Edward iba delante de Miley, siempre indicándole hacia donde debía ir. No habían intercambiado palabras en todo el camino, simplemente Edward le decía a dónde caminar, solo eso. Miley no tenía cabeza para estar sociabilizando con alguien que recién venía a conocer, menos si se trataba del ladrón más famoso de Rosmoclupo. Lo raro de éste hombre, era que todo el mundo lo conocía, pero nadie lo apresaba. ¿Por qué? No importaba en ese momento, había más cosas por qué pensar. Y fue en ese preciso momento donde Nick apareció en un momento, y no en imaginaciones o recuerdos pasados, o eso creía ella, pero fue algo así como en una premonición…

“Nick estaba dentro de una clase de espejo donde viajaban pequeñas bolas gaseosas, que tenía la impresión de ser espíritus. Pero de repente, el espíritu de Nick sale de aquella clase de espejo,  y se solidifica, volviendo a tener el cuerpo de Nick, el mismo que antes, solo que más desgastado aún. Y así los otros espíritus repetían ese proceso.”

Quizá Miley no sabía con exactitud que era una premonición, pero al menos ella creía que era real. Ahora tenía más fe que antes, justo cuando se le acababa y llegó en el momento oportuno, quizá Nick sabía eso y quiso crearle una ilusión a Miley, que aunque no sea 100% cierta, estaría dispuesta a aferrarse a aquella esperanza. Miley caminó con más ánimos, llegando incluso a correr. Esto sorprendió a Edward, quien antes la había visto desanimada, siguió el mismo paso de Miley, quien le gritaba suplicante para que volviese. A diferencia de Miley, Edward estaba preocupado y estaba desesperado porque Miley le hiciera caso.

-¡Hay vamos Edward! No seas un holgazán.- gritaba ella, divertida.

-¡Miley, detente!- gritó Edward por fin alcanzándola. Solo que… en el momento que Edward tomó el brazo de Miley, ambos estaban parados sobre la orilla de una montaña, y ambos cayeron 200 metros de altura, sobre esta.

Miley gritaba aterrorizada, afirmándose bien de Edward. Ella simplemente mantenía los ojos cerrados y no dejaba de gritar, mientras que Edward cerró los ojos concentrado. En cuanto estuvieron a dos metros de pisar tierra, caen lentamente y sin un solo rasguño. Miley al darse cuenta de la milagrosa salvada, miró extrañada a Edward, esperando a que él le dijera algo.

-¿Qué? No eres la única que tiene problemas.

-Tenía, ya no.- dijo ella, apenada.

-Lástima… para la otra vez, haz lo que te digo, conozco mejor estas tierras, mejor que nadie.- dijo él engreídamente, adelantando el paso.

Miley caminó muy avergonzada, si hubiese estado sola, fácilmente hubiese muerto con aquella conducta tan egoísta e infantil. Pensó en eso muchos minutos, hasta que elevó la mirada y vio que Edward se había adelantado mucho, decidió acelerar el paso. Caminó rápido hasta que se encontró con un puente que no se veía muy seguro…

-¡Edward, no puedo cruzar de esta forma!- gritó Miley, desamparada y asustada.

-¡Tú solo camina rápido pero con mucho cuidado, no te pasará nada!- gritó Edward, del otro lado del puente.

Miley le hizo caso y pasó delicadamente el puente, quiso no mirar hacia abajo, pero como dicen las malas lenguas “La curiosidad mató el gato” y Miley vio un río que se movía con bastante brutalidad. Pero… había algo raro en aquel río, no era ni azul ni verde, era gris. Miley se quedó examinándolo un rato, y dedujo que hay se podría encontrar la reliquia del mar. Sin embargo, recordó que la misteriosa voz le robó la otra reliquia. Pero una voz dentro de ella le decía que debía echar un vistazo en el río. Miley miró a Edward de una forma culpable, y rápidamente elevó sus brazos, inclinó su cabeza hacia atrás, cerró los ojos y se lanzó al río. Escuchaba como Edward le gritaba cosas sin que Miley pudiese entender bien qué le decía. Al momento en que traspaso la capa de agua, ella apretó más el cuerpo para no provocar ni una fractura. Se encontraba bien.

Miley se mantenía con los ojos abiertos bajo el agua, y algo en su corazón decía que debía nadar más allá, entonces lo hizo. Nadaba y nadaba y aunque se estuviese quedando sin mucho aire, seguía nadando. Entonces, justo debajo de Edward, se encontró con una gran sorpresa. ¡Habían cuerpos fósiles bajo el agua! A Miley se le detuvo el corazón en cuanto vio aquello. Eran al menos 15 cuerpos, y seguían en perfecto estado, digo… excepto lo de muertos.

Miley nadó a la superficie y tomó unos cuantos respiros. Nuevamente volvió y se dispuso a buscar el cuerpo de Nick, costase lo que costase. Lo encontraría, porque sabía de alguna forma que algo estaría bien encontrando su cuerpo. Buscó y buscó, pero nada parecía aparecer, hasta que encontró una cabellera rizada debajo de dos cuerpos, que no se alcanzaban a ver los rostros ya que estaban dados vueltas. Sacó cómo pudo los cuerpos y ahí estaba el cuerpo de su joven amado muerto, tal cual como estaba el día de su muerte. Lagrimas brotaron de los ojos de Miley, pero lagrimas de felicidad ya que al fin había aparecido aquel cuerpo, podría morir en paz ahora. Luego dejó el cuerpo de Nick a un lado, para poder llevarlo hasta la superficie, y dejó los otros dos cuerpos sobre la roca donde estaban. Sin embargo, algo le llamó la atención a Miley, el cuerpo muerto de una mujer lo reconocía perfectamente, la pregunta era… ¿cómo pudo haber llegado ahí? No entendía nada… hasta que vio el cuerpo de su difunto padre y al fin había entendido. ¡Louis enterró a sus dos padres juntos en sentimiento de traición!

Marie POV:

Llevaba dos días, creo, encadenada y sin comer. Dios… estaba destruida, si Miley no llegaba pronto moriría de hambre de falta por coagulación, pero más por hambre. Por otro lado, esperaba que Miley no llegase nunca, sabía que podría encontrarse con su propio fin llegando aquí. Sabía perfectamente que Miley era una chica muy inteligente, pero algunas veces, todos subestimamos eso y eso podría ser un factor en contra. Pero ya que más daba… Demi y la pequeña podrían estar muertas, incluso Miley, si moría o no, ya no me importaba. No tenía a nadie importante en mi vida…”

De repente Marie, tan metida dentro de sus pensamientos, se asustó mucho al escuchar como la puerta de metal se abría violentamente, Habían dos guardias de Louis, y entre manos, tenían amarrado a Joe, quien estaba sangrando, y semi inconsciente. Lo lanzaron como si fuera cualquier cosa al suelo, y luego Louis entró y dijo.

-Con cuidado, cuando venga Destiny, quiero que estén en perfecto estado para que vean como muere al intentar salvarlos.

-Pierdes tu tiempo Louis, Miley no es tan ingenua para hacer eso. De hecho, ella misma debe estar muerta en este momento.- le gritó Marie, rudamente.

-Oh perdona querida, déjame informarte las nuevas. Tu querida amiga Miley, ya está aquí en el castillo, acaba de entrar.- sonríe maléficamente, disfrutando con el dolor de otros.

-Es imposible…- susurró Marie, intentando asimilar que Miley corría gran peligro si llegase a bajar al primer piso subterráneo. Louis la mataría con cualquier movimiento en falso que tomase. Rogaba que Miley fuera más inteligente que aquel cretino.

martes, 24 de enero de 2012

Lo mejor de mi Amor {1º Episodio} "Encuentros y peleas"

Miley POV:

"...Hoy desperté con pocos ánimos, no tenía ganas de hacer nada, ni de esforzarme en hacer algo. Era uno de esos días en que ya sabes que todo iba a salir mal, así que ignoré la alarma del reloj y seguí durmiendo. Había pasado una hora, y mi madre llegó a mi habitación, sin golpear antes, gritándome por qué no me levantaba. Para no escucharla más, estuve obligada a vestirme rápido, cepillar mi cabello y mis dientes. Cuando por fin salí de mi casa, e iba al paradero de buses, recordé que no había guardado el maquillaje; lancé una maldición a los 4 vientos y quise ignorar aquello. Aunque, lo pensé bien en el momento, a mí nunca me gustó maquillarme, pero a mis amigas y a mi novio Lucas, le gustaba verme maquillada. Solo por ellos lo hacía. Llegó el bus a los minutos después y me senté en uno de los asientos de atrás. Tararee la canción que sonaba en mi IPod hasta que de repente me empezó a doler la cabeza. Ya me estaba acostumbrando a eso, me dolía la cabeza de hace días... y me mareaba con facilidad. Deseaba en el fondo que no fuese nada grave, mis padres me matarían si me muero... era algo ilógico pero servía... Entonces, cuando ya vi que el bus se acercaba al lugar donde me debía bajar, me levanté del asiento donde estaba sentada, pero precisamente en ese momento, el bus frenó fuertemente, y yo no alcancé a afirmarme bien. Resultado final: caí sentada en las piernas de alguien que estaba sentado a unos cuantos puestos adelante de donde yo estaba..."

-Dios, ¡Lo lamento!- dije apenada.

-No te preocupes- sonríe levemente -¿Y...? ¿Me dejas pasar o no?- preguntó en un tono burlesco, sin borrar la sonrisa sobre su rostro. Sin embargo, no entendí del todo lo que quiso decir. Me demoré unos segundos más para entender que aún estaba sentada sobre él.

¡Estaba tan avergonzada! Encima el chico era guapo. Inmediatamente me levanté, tomé mi bolso y caminé rápidamente hasta la puerta de salida, haciendo oídos sordos y ojos ciegos. Volví a encender el IPod, pero en cuanto me ponía el audífono, sentí como una mano aprisionaba mi muñeca, levanté la mirada, y era el mismo joven de antes. Mi corazón se detuvo y solo mantuve nuestras miradas alineadas por pocos segundos, ya que inmediatamente la bajé. Estaba muy avergonzada y ya veía ya que aquel joven me decía un chiste pesado.

-Oye...- dijo aquel joven, que era más alto de que creí. Miré sus ojos castaños por un momento, y lo escuché atenta. -Lamento esa broma, la verdad es que aquí me bajo y... si llego tarde hoy, mi jefe me mata.- dijo en un tono de broma.

-Yo soy la que lo lamenta, no alcancé a afirmarme bien, y me caí encima de ti- El bus se detuvo y por "cosas del destino" él y yo nos bajábamos en el mismo lugar y comenzamos a caminar juntos. -¿En qué trabajas?- pregunté curiosa.

-Soy psiquiatra, trabajo en el hospital de la vuelta. ¿Y...?- me mira de pies a cabeza, concentrado -Veo que tú aún eres estudiante, ¿qué grado?

-Último, de hecho- sonreí, pero luego me vinieron dolores tan fuertes en la cabeza, que me detuve, dejando a ese chico adelantarse.

Voltea a verme, preocupado -¿Ocurre algo?

-No, nada... solo me vino un dolor de cabeza, pero no es nada serio- seguí caminando con él.

-No creo que sea poca cosa. Deja que te lleve al hospital.

-No tiene sentido, ambos llegaremos tarde y a ti te despedirán por mi culpa. Solo olvídalo, y sigamos caminando.

-Por favor, ven. Me da igual si me despiden o no, después de todo aún así me pagarían por dos meses más. ¿Y? ¿Qué dices?- sonríe ingenuamente.

-Está bien...- le dije harta de la situación -Pero sigo con mi idea que no es nada grave- crucé los brazos como una niña mimada.

-Por lo menos ya sé algo de ti, eres difícil de cambiar de opinión- ambos reímos y seguimos caminando -A propósito, ¿cómo te llamas?

Sonreí -Miley Cyrusl, ¿y tú?

-Nick Jonas.- dijo finalmente, aún sosteniendo la sonrisa de antes.

Lucas POV:

"...Este había sido un día raro. Miley no estaba en ni un lado, lo que es raro porque ella solo llegaba tarde, nunca faltaba. Estaba preocupado por ella, la amo obviamente, y estaba impaciente por saber algo de ella. Tocaron el timbre para el recreo y me acerqué hasta la mejor amiga de mi chica, a preguntarle si sabía algo de ella. Era hermosa su amiga, no lo niego, pero por algo estaba junto a mi Miley..."

-Emily, ¿sabes algo de Miley? No la he visto por ni un lado y estoy preocupado.- le dije a la chica rubia, muy preocupado por eso mismo.

-No... no llegó hoy al segundo período, por lo tanto, hoy definitivamente no vino.- contestó fríamente ella.

-Bien... seguiré llamándola- eso fue lo último que le dije antes de marcharme.

Miley POV:

Ya habíamos entrado al hospital y Nick saludaba a todos aquellos quienes se le atravesaran en el camino. Habían muchas doctoras jóvenes y de buen cuerpo, y una de ellas, rubia encima, saludo de una forma muy "candente" a Nick, me enoje por aquello, porque lo creí muy desubicado de parte suya. Subimos unos cuantos pisos por ascensor, sin hablar en todo el camino, porque Nick ya había entendido que algo me había parecido malo. Bajamos del ascensor, y caminamos unos pocos pasos. Pero en ese entonces, Nick me detuvo, aprisionando nuevamente mi mano y atrayéndome hacia él. Me miró confuso y habló finalmente.

-¿Sucede algo malo, Miley?- preguntó Nick, ingenuamente.

-No...- enrollé mis brazos y voltee a ver a otra dirección.

-Miley... por favor dime.

-Bueno... no me gustó como esa chica te saludo. Me pareció muy de...- en ese momento no hallaba la palabra para completar la oración, pero entonces mi queridisimo recién conocido me la facilitó muy dulcemente.

-¿Muy de zorra?- dijo él, apunto de estallar de la risa.

-Si...- dije finalmente.

-Déjala, ella es así, pretende obtener un mejor puesto de trabajo, pero conmigo, no lo conseguirá, no me interesa. Así que no te preocupes por eso.- me guiñó el ojo divertidamente, y caminamos hasta un modulo que tenía la puerta abierta.

Dentro del módulo, había una joven, quien estaba vestida con el clásico traje de doctor. Aquella mujer, tenía el pelo negro, una linda piel trigueña, y varios factores atrayentes para cualquier hombre. Sin embargo, no me tardé más de un minuto para notar que estaba amargada, que algo le sucedía. Pudo haber sido simplemente un mal día, o quizá ella tragaba mucha tristeza.

-¿Nick?- preguntó ella confundida. -¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar trabajando?- preguntó en un tono duro.

-Lo sé, pero a mi pequeña amiga le duele algo la cabeza, pero... algo me intriga y en realidad quiero que la revises bien para asegurarnos en caso de cualquier cosa.-

Aquella doctora me llamaba la atención. Se veía joven, muy joven de hecho, era obvio que era una de esas adolescentes que nunca tuvieron la oportunidad de vivir por estar estudiando, pero... algo raro había en ella. Su rostro deslumbraba un brillo que decía que estaba amargada. Quizá no tuvo una vida fácil, o quizá solo era un mal día y yo estaba exagerando. Aún así me llamaba la atención.

-Me siento bien, ya no me duele la cabeza.- dije finalmente, harta de la situación.

-Eso ya lo veremos.- dijo ella, cortantemente. Volteó a ver a Nick. -La revisaré, tú espera afuera, yo te llamo y digo cómo va todo.- dijo seriamente.

-Bien, nos vemos.- le dijo a ella, y luego se dirigió hasta donde yo estaba y simplemente besó mi frente, y me dedicó una hermosa sonrisa que mi mente guardó y estaría dispuesta a guardar hasta el fin.

Finalmente Nick se fue y me dejó sola con la doctora, quien no cruzamos más de una frase, y era solo por cuestiones medicas. Todo iba bien, yo iba concentrada con mis pensamientos hasta que la doctora me pide algo que yo no estaba dispuesta a hacer.

-Necesito que te desvistas.- dijo ella, con una naturalidad y serenidad fría que a mí me pareció indecente.

-¡¿Qué?! Pero... ¿para qué?- pregunté exaltada.

-Necesito ver unas cosas, y el que nada hace, nada teme.- dijo intolerante. -¿Hiciste algo que no debías?- preguntó ella, fríamente.

En ese momento decidí guardar silencio. Me desvestí en silencio, mordía mi labio inferior y tragaba mi orgullo. Odiaba ese sentimiento de estar desvestida frente a alguien más, ni siquiera permito que mi madre me vea en esas fachas. Aparte no tengo el cuerpo perfecto, de hecho, estoy hecha una obesa mórbida, odiaba ese aspecto de mí. Cuando iba a la playa, siempre iba con shorts y una polera larga, para no dejar ver nada de más. Terminé de desvestirme, y me paré desnuda frente a ella, sin mirarla, yo me mantenía cabizbaja.

-Acuéstate en la camilla.- dijo ella, poniéndose unos guantes.

Le hice caso y me acosté en la camilla. Ella oprimió sus manos sobre mi estomago, delicadamente pero al mismo tiempo bruscamente. No entendía qué sucedía, a mí me dolía la cabeza, no el estomago. La miré extrañada, pero ella parecía tan ocupada haciendo lo suyo, que ni siquiera le presté atención. Luego de haberme "toqueteado" tanto, literalmente, y yo tan naufraga dentro de mis pensamientos, sentí como llamaba mi atención, gritándome.

-Ponte la bata, te sacaremos unos exámenes.- dijo con el mismo tono frío de siempre.

-Pero... es que yo... se suponía que debía ir a clases...- dije, preocupada e incomoda por el momento.

Ella, lo primero que hizo fue voltear a ver la hora en el reloj que colgaba sobre ella y dijo -Ya son las 10 Am, creo que ya no fuiste.- dijo ella. -Escucha, esto no es para mí, es algo tuyo, es tu decisión si te interesa saber qué está pasando dentro de ti.- dijo ella, por fin mirándome a los ojos.

-Bien, pero quisiera ver antes a Nick.- dije decidida, en un tono de suplica.

-Bien, pero antes vístete. Tú sales de aquí, y ahí verás a Nick, justo afuera del módulo

-Ok.- asentí lentamente.

-Bueno, yo te dejo para que te vistas y hagas lo que tengas que hacer.- dijo finalmente, dirigiéndose a la puerta para dejarme sola.

Estaba sola, odiaba estar sola pero algunas veces era mejor. Mientras me vestía, tarareaba una de mis canciones favoritas. Era lenta como tortuga en vestirme, pero para ser bella hay que ver estrellas. Cuando ya terminé de arreglarme, y solo me faltaba por ponerme mis zapatos y calcetines, mi teléfono sonó. Vi el identificador y solté un suspiro ahogado. Acepté la llamada y hablé como si no me importara con quien estuviese hablando.

-Hola...- dije rodando los ojos, disgustada.

-¿En dónde rayos estás?- grita enojado.

-Cálmate. Me sentí mal y un chico amable me trajo al hospital. No te preocupes.

-Ok, lo lamento amor, te extrañaba y temía que te haya pasado algo malo.

-¡Qué dulce eres!- exclamé tiernamente -¿Ves que puedes ser amable y dulce si te lo propones?

-No me gusta sonar gay.- dijo él, algo incómodo.

-No pienso que ser dulce y considerado te convierta en gay. Bueno, nos vemos- corté. Fue agradable haber hablado con mi novio. Cuando se lo propone, puede ser un amor como persona.

Nick POV:

-¿Es algo malo, cierto?- pregunté algo dolido porque sabía que iba a contestar.

-Si, es preocupante- cubre su barbilla con su pulgar, algo que siempre hacía cuando tenía miedo -Estoy asustada, esta chica no puede arruinar su vida, menos de esta forma.

-¿Qué?- le pregunté inquieto -¿Qué ocurre?

-Mira no estoy segura y a lo mejor puedo estar equivocada, pero ésta paciente puede que éste...

-¿Éste qué, Demi?- pregunta impaciente, apunto de perder los estribos.

-Embarazada.

Cuando escuché decir eso de la boca de mi mejor amiga, me sentí de lo peor. Ella no podría estar embarazada, tenía miles de preguntas que se mezclaban entre sí, dentro de mi mente. No podía aceptarlo, algo en mí lo negaba, no lo podía creer. Sé que recién vengo a conocer a Miley, pero vi a través de su mirada que ella era aún inocente, no puedo creer que haya caído en algo tan bajo como lo de acostarse con un imbécil que solo quería pasar un buen momento con ella, y ella lo creyó como algo importante en su vida.

-Eso no es posible, significaría que ella y su novio debieron haber tenido...- bajé el tono -Relaciones sexuales.

-¡Claro que si! Cualquier chica enamorada a esa edad podría perder su virginidad con "el hombre que ama" pero después no toma las consecuencias.- dijo Demi, amargada.

-Como tú lo hiciste, hace seis años atrás- suspiré amargado -No lo puedo creer... creí que ella era distinta...

-No te angusties, quizá solo exagero. De todos modos, debemos estar atento en caso de cualquier cosa.- dijo finalmente, antes de que viese a Miley salir del módulo, con una sonrisa tímida, típica de ella.

-Hola...- dijo ingenuamente. -¿Todo en orden?- preguntó ella, sin quitar la sonrisa sobre su rostro.

Al verla sonreír tan inocentemente como una niña pequeña, me hicieron quebrarme por dentro. No me había dado cuenta de su perfección, ojos color océano, labios gruesos, cabello cobrizo, todo era perfecto en ella, era hermosa, ¿cómo no lo noté antes? ¿Por qué debía ser tan bella? Demi tenía razón, tengo mala suerte en el amor, enamorarme de ella sería algo tonto. Y... ¿por qué demonios estoy diciendo todo ésto? Recién hoy la acabo de conocer, y nos debemos llevar por mínimos 6 o 7 años...

-Nick...- decía Miley, acercándose hacia mí -¿Todo en orden?

-No le hagas caso- decía Demi, incluyéndose a la conversación -Debemos tomarte unos exámenes y en una semana más, deberás buscarlos, ¿entendido?

-Me parece bien- voltea a mirarme nuevamente -¿Me acompañarías?- sonríe ingenua.

-Lo lamento Miley, debo ir a trabajar- fue lo último que le dije, ya que rápidamente me fui de la consulta de mi amiga. Sabía que debía ir a trabajar pero mi mente estaba llena de dudas como para agregarle más peso a ésta. Caminé sin rumbo, buscando respuestas vagas.

Miley POV:

-¿Por qué se puso tan raro conmigo?- pregunté confundida.

-No le hagas caso, él es raro.

Pasé la tarde en mi casa, confundida aún por la reacción de Nick. Sé que apenas hoy lo conocí, pero sé que algo le sucede. El primer momento juntos, todo eran risas y sonrisas, pero después, todo fue seriedad. Como había quedado en ir al Partido de Fútbol de mi novio, me cambié de ropa y salí con pocos ánimos, otra vez...

-¿Por qué no me haz dicho que te haz sentido mal este tiempo?- pregunta disgustado -¿Qué pasa si ahora estuvieras embarazada?

-No te dije nada, porque no era nada interesante. Y, ¿embarazada? No digas tonterías, tan solo fue una vez y usamos protección. Creo que tengo gripe o algo así.

-Ok, te creo. Bueno, deséame suerte, iré a jugar- sale corriendo al campo.

-¡Ganales amor!- le grité entusiasmada a mi novio.

Bastante rato había pasado y no le prestaba atención. Digo, si lo miraba jugar, y yo estaba allí sentada junto a las otras novias de los jugadores del fútbol, pero... mi mente estaba preocupada de otras cosas. Aún pensaba en Nick, ¿habré hecho algo malo? Si fue así, esperaba a que me disculpase. Y Demi... así se llamaba la doctora quien me atendió, seguía siendo una extraña para mí. Me llamaba la atención y esperaba volverme cercana a ella para que me diga por qué estaba... amargada.

Unos feroces gritos de la multitud se hacían sonar por toda la cancha. Vi a las demás chicas y me di cuenta que el equipo de Lucas había ganado. Sonreí y me puse a aplaudir, qué más daba...

Corrí a abrazarlo -¡Jugaste excelente- le dije orgullosa.

-Gracias linda- me dijo Lucas, fríamente, ni siquiera recibiendo mi abrazo. Ni tampoco me miró y se fue con las animadoras, dejándome sola y humillada.

-¡Miley!- me gritaba mi mejor amiga y única en realidad, Emily -Tu novio jugó excelente, juro que si no fuera tu novio...- la interrumpí

-¿Lo quieres? ¡Te lo regalo!- le grité furiosa, marchándome rápido de aquel lugar.

"Amo a Lucas, con todo mi corazón, pero juro que a veces me saca de quicios. Si estamos solos, es todo un amor, pero cuando estamos con sus amigos, muestra lo peor de sí, haciéndome olvidar que me atrajo hacia él.  Me duele todas esas peleas que tenemos, porque en verdad lo amo, pero si no cambia, creo que tendré que terminar con él... no hay de otra."

lunes, 23 de enero de 2012

Luz de mis Ojos //9º Episodio// {Herida, una vez más más}

Ya estaba anocheciendo y Harry había decidido quedarse con Dumbledore a pasar el resto de la noche. En tanto, Hermione había ido a su cuarto a descansar un poco. Harry buscaba la forma de poder decirle a su amiga que debía ser exiliada de ahí, para que no la matasen, tanto como a cientos de otros impuros. La incógnita tanto para Dumbledore y para Harry era la siguiente: “¿por qué decidieron hacer esto justo ahora?” “¿Por qué ya no estaban detrás de Harry?” Nadie lo sabía, y no había tiempo para buscarlas si medio colegio estaba en peligro.


-Director Dumbledore…- interrumpió Harry la burbuja de Dumbledore -¿Cuánto tiempo cree que tenemos para remediar esta situación?- preguntó desconcertado.


-Poco… demasiado poco. La cacería de los impuros podría empezar como hoy, mañana, o puede que en un tiempo más, de cualquier forma debemos alertar a los estudiantes para que vayan a casa.


-Pero estamos a mediados de año.- contestó Harry.


-Lo sé… este año no va a ser igual a los demás.


-¿Por qué cree que ya no están a la siga mía?


-Oh… querido Harry, siguen a la siga tuya, solo que ahora no eres el único. Debemos hallar la forma de alertar a la escuela sin que los de la casa de Slytherin lo sepan.


-Será difícil… y Hermione ya ha estado en el calabozo de Lucius por lo tanto, ella es quien está más expuesta en ser la primera asesinada.


-Lo sé… es por eso que le envié una nota a sus padres para que vuelvan a recibirla en casa. Aquí no podremos ayudarla mucho, siendo que hay más chicos que cuidar.


Harry estaba desconcertado, se tendría que despedir de su querida amiga por su bien. Suspiró por un momento, pensando en cómo lo iba a hacer. El tren de vuelta hacia Inglaterra estaba obsoleto, solo funcionaba para el ingreso y para la despedida de los alumnos. Así que entendió el punto de Dumbledore, él tendría que ir a dejarla sana y salva a su casa. Algo era algo, al menos tendría la seguridad de ver que está bien.


-¿Cuándo la debo ir a dejar?- preguntó Harry, sin rodeo.

-Mañana en la mañana. Mientras más pronto será mejor.

-¿Y qué pasará con Severus?- preguntó duramente -¿Lo seguirá protegiendo?


-Él sabe lo que debe hacer, él sabe a que lado pertenece. No te preocupes por él.


Harry suspiró y con la pura mirada se despidió de Dumbledore. “¿Cómo era posible?” Severus enamoró a Hermione solo para matarla, era como alimentar en exceso a un cerdo en un matadero. Estaba furioso por eso, y furioso por el hecho de que ahora se avecinaba otro encuentro con Voldemort y los mortifagos. Simplemente deseaba que esa situación terminase lo más pronto posible para poder descansar y estar con sus amigos sin preocuparse.


Éste se dirigió hasta su casa, Gryffindor y poder descansar lo más que pudiese, ya que mañana se levantaría en la madrugada para ir a dejar a Hermione en su hogar. Pero se encontró con una sorpresa frente a sus ojos, en la sala común de Gryffindor, se encontraba Ron besando a Lavender de lo más acaramelado. Harry se quedo boquiabierto y dejó caer sus gafas que sostenía en sus manos. Ron se despegó inmediatamente de Lavender y le miró intentado excusarse de cualquier palabra que creía que Harry le diría. Sin embargo, Ron se sorprendió con la postura que Harry decidió tomar.


-Hacen linda pareja, felicidades.- fue lo único que dijo Harry antes de subir las escaleras hasta su cuarto. Ron se quedó allí, boquiabierto, mirando a Lavender, quien aún estaba roja por tal momento. ¿Acaso el mundo estaba al revés?


Horas más tarde, y el sol ya dejaba verse en pequeña proporción. Harry agarró lo primero que vio y se vistió rápidamente para poder dirigirse hasta el cuarto de Hermione. Tomó su varita y la escondió dentro de su chaqueta, acto inmediato, se dirigió hasta la puerta y fue con Hermione.


Usando la capa de invisibilidad, y el mapa del merodeador entre manos; Harry apareció en el cuarto de las chicas de Gryffindor, sin que nadie se diese cuenta. Susurrando “travesura realizada” Harry cerró el mapa y sigilosamente entró al cuarto, dirigiéndose hasta la cama de Hermione. Volviendo a susurrar, hizo un ligero movimiento con su varita, algo que hacía que la conversación que tendría con Hermione, fuera totalmente privada, sin que nadie se diese cuenta de su presencia. Harry llegó hasta su cama y la sacudió suavemente hasta poder despertarla; ésta pestañeó varias veces y miró extrañada a Harry.


-¿Harry? ¿Pero qué haces aquí?- tomó su despertador con ambas manos y miró enfurecida la hora -¡Son las 5:25 Am!


-Lo sé, nadie debe saber esto.- contestó Harry, seriamente.


-¿De qué hablas?


-Vístete, rápidamente. Nos iremos a Londres, no te preocupes por tus cosas, ellas ya están ahí.


-¿Qué?- preguntó Hermione, exaltada, levantándose de su cama a la siga de Harry –No puedo volver a casa.


-Es por tu bien, Hermione. Tu vida aquí corre peligro. Además, ya comprobaste la clase de gente que era Snape y Malfoy.


Hermione se quedó mirando a Harry, triste e inquieta. Tenía razón, ya no había razón por la cual quedarse, solo lamentaba haber aprendido de la forma más dolorosa que no podía confiar en cualquier persona. Ella suspiró y le rogó a Harry salir por un momento para que le diese tiempo para vestirse. Se vistió con mucho abatimiento y esfuerzo, intentando no decaer en esos momentos, por lo menos, no mientras estuviese cerca de Harry. Sus ojos ardían, había pasado la noche llorando, y aún parecía que tenía lágrimas por botar. ¿Cómo era posible que hubiera dejado entrar a Severus Snape tan dentro de su corazón? Prefería los antiguos tiempos, donde ambos se insultaban, al menos eso era menos doloroso que el dolor de descubrir que todo lo que le había dicho era una vil mentira. La vida continuaba, pero ella se había quedado estancada entre el dolor y la desesperanza. Necesitaba hallar la cura para sanar su roto corazón, y seguir adelante, costase lo que costase.


Ya había terminado de vestirse y Hermione Granger salió del cuarto, tomando su pequeño bolso y su varita, escondiéndola dentro de su bota. Salió y lo primero que vio fue a Harry, sentado en el suelo, quien rápidamente se levantó al encontrarse con la presencia de Hermione. Ésta le sonrió levemente y siguió el paso que Harry tomaba fuera del Castillo. Llegaron hasta la casa de Hagrid, Harry buscó entre los arbustos dos escobas que la noche anterior había dejado. Éste le pasó la escoba a Hermione y comenzó a dar instrucciones.


-Bien Hermione, yo iré primero y tú seguirás mi paso. Si ves algo extraño en los cielos, házmelo saber y tú sigue adelante. Debes llegar a salvo a tu hogar.


-Pero seguirán mi rastro.- respondió Hermione finalmente con un tono de astucia.


-No, recuerda que hay un hechizo que protege todo el mundo Muggle. Todo estará bien, solo preocúpate de ti y de seguir mi paso.- dijo Harry, tomando finalmente su escoba. Elevándose por los nublados cielos de Hogwarts.


Hermione cumplía lo que Harry le había dicho, seguir su paso. Ya habían pasado horas volando, sin ningún rastro de peligro. Pero… justamente, en la entrada hacia el mundo Muggle, sombras negras rodeaban a Hermione y a Harry, provocando muchos nervios en ambos.


-¡Huye!- le gritó Harry a Hermione, mientras sacaba su varita de su túnica. Hermione solo apretó los ojos y siguió manejando su escoba. Pasando al mundo Muggle.


Hermione se sentía una maldita cobarde. ¿Cómo pudo haber dejado solo a Harry? Él le había dicho que pasase lo que pasase ella debía seguir pero nunca creyó que fuera tan difícil. Estaba apunto de dar vuelta el curso de la escoba e ir en busca de Harry. No, se dijo ella, Harry ya había salido varias veces de situaciones peores, estaría bien y rezaría por su salud. Sin embargo, al inclinarse un poco, vio reflejado en el mar, sombras en busca de ella. Las sombras no estaban detrás de Harry, sino tras ella. ¿Qué demonios estaba pasando? Hermione no lo entendía, pero ahora debía enfrentar las sombras.


Sacó dentro de su bota, la varita y apuntó a todas las cosas que parecían moverse. Eran solo dos sombras, pero se movían con bastante agilidad. Gritaba maleficios por los cielos, pero ni un alcanzaba a atravesar a los mortifagos. Hermione ya estaba asustada, temía que la asesinasen allí mismo. Entonces decidió que no podría darse por vencida, dio unas cuantas vueltas tontas en la escoba, bastantes rápidas. Un mortifago que jamás había visto, se puso nariz con nariz frente a ella. Hermione no dudó en utilizar “Sectumsembra” contra éste, haciéndolo caer directo al mar, totalmente aturdido. Esto alivianó el trabajo de Hermione, solo le quedaba uno por exterminar. Ahora Hermione se acercaba más al mar, intentando que el siguiente mortifago callese. Entonces… éste aparece bajo la escoba de Hermione, y ésta con el suspenso, tropieza de su escoba, cayendo al mar. Ahogándose, no podía salir a la superficie, y aún mantenía sus ojos abiertos, vio a un cuerpo caer. Hermione nadó lejos de él, pero quedó lo suficientemente cerca como para ver de que mortifago se trataba. Su corazón se detuvo, y parecía que ahogarse bajo el mar, no era lo peor del momento.


Los ojos negros de aquel mortifago se clavaron sobre los ojos de ella. Se quedaron mirando por un largo rato, hasta que Hermione recordó que se ahogaba, y decidió nadar hasta la superficie. En cuanto abrió los ojos, se dio cuenta de que estaba en medio de la nada del océano. Estaba perdida y no sabía donde había caído la escoba. Elevó la varita y atrajo la escoba hasta ella. La tomó y rápidamente voló por los aires, miró hacia atrás agitada y con temor, procurando de que no la siguiera, en cuanto volvió a mirar adelante, se encontró nuevamente con esos ojos negros que le habían quitado el sueño. Los ojos de Severus Snape.


Hermione cayó hasta la arena, dando unas cuantas piruetas, y cayendo como un saco de patatas sobre la arena. Quedó malherida, y con serios rasguños en todo su rostro pero eso no le importo. La sombra de Snape parecía nunca dejar de ir tras ella, ya que estaba a unos cuantos pasos de distancia. Hermione sabía en su interior que debía luchar contra él, pero estaba lo suficientemente confundida como para hacer algo, y lo suficientemente desinteresada como para no importarle si el día de mañana vivía o no.


-Hermione, debemos hablar.- le rogó Severus a Hermione.


-Creo que todo quedó bastante claro entre nosotros, ¿no crees?


-Es que esto no es lo que tú crees, todo es un mal entendido. Por favor, créeme, te amo.- dijo tomando su mano, invitándola a levantarse de la arena.


-Snape, vete o mátame ahora, pero no me pidas que vuelva a creer en ti, porque será inútil.


Severus tomó ágilmente el cuerpo de Hermione, dejando a ambos parados sobre la arena, a centímetros de distancia, mirándose a los ojos. Hermione estaba al borde de llorar, ya no aguantaba tanto sufrimiento en su corazón; mientras que Snape era intolerante a eso, hablaría con Hermione costase lo que costase.


-Dí que no me amas y juro dejarte tranquila.- habló Severus Snape, con mucho coraje.


Hermione lo amaba más que a nada en el mundo, pero quien te ama jamás te hace sufrir, y quien una vez te traiciona, puede volver a traicionarte. Ella miró la rompedura de las olas, y negó con la cabeza. Luego volvió a mirar fijamente a Snape y contestó.


-Déjame en paz, y búscate a otra mujer porque yo no volveré a estar contigo. No volveré a darte un beso mío, o alguna caricia mía y no volverás a escuchar de mi voz que te amo. Porque todo sentimiento en mí hacia ti, se ha esfumado, así como todas las palabras que el viento se llevó.


Apunto del colapso, Severus dio unos pasos lejos de ella, sin dejar de mirarla. No podía creer lo que su amada le había dicho. Se sentía culpable, y por un estúpido orgullo no estaría dispuesto a jugar por el amor de aquella jovencita. Ella fue quien siempre luchó y Snape no había hecho más que hacerla sufrir. Había jugado y en su propio juego había perdido. Ya no había nada más que hacer.


Severus trinó los dedos y volvió a ser una sombra negra que se alejaba cada vez más de ella. Dejando a Hermione herida una vez más.